No es frecuente, pero hay ocasiones en las que un trabajo bien concebido permite a quien lo experimenta un cierto reencuentro consigo mismo. En este caso el sujeto de la experiencia es colectivo. Se trata de Vilagarcía, que gracias a la exposición Xente nosa, Vilagarcía nos anos 30 , puede viajar siete décadas atrás en el tiempo y reconciliarse con una época que abrió enormes esperanzas para acabar naufragando en el pozo de sangre de la Guerra Civil. La Vilagarcía que cobra cuerpo en las figuras del doctor José Moreira Casal y la artista Matilde Vázquez no atisbaba todavía el trágico final al que estaba abocada. Y sustraer la mirada del desastre para centrarla en aquel presente aún no destrozado es, precisamente, uno de los objetivos que persigue la muestra, coordinada por Antonio Caeiro , el Arquivo Social da Memoria y el área municipal de Cultura, con textos de Montse Fajardo y colaboración del departamento de Comunicación. Producción propia, que se echa en falta y esta vez da en el clavo.
Podría escribirse bastante acerca del instrumental médico que un homenaje popular regaló a Moreira Casal y que el auditorio exhibe en su primera planta. O sobre los discos de pizarra de comienzos del siglo pasado en los que se recoge la voz de Vázquez, tiple, actriz, pintora, antecedentes primigenios del CD, parientes lejanos de la abstracción pura del mp3. De la belleza de la casa de los Buhigas y el encanto familiar del chalé del mítico doctor vilagarciano, ambos caídos a mayor gloria del hormigón. Del muelle de hierro, el parque de A Compostela o la Alameda sin relleno. Pero todo está en la muestra. Qué mejor que visitarla.