La izquierda gana las plazas fuertes

AROUSA

En 1979, cuando Sito Vázquez se quedó por fin a solas en el despacho de la alcaldía de Vilanova se recostó en el sillón, puso los pies sobre la mesa y exclamó: «Hostia, estes non saben o que fixeron». «Eu sabía tanto o que era un concello como de chinés», cuenta el que fue el primer alcalde de la democracia en esa localidad. Se había presentado bajo las siglas de la AMDG, una «marca blanca» del Partido Comunista, y «moitos pensaban que eramos xente con cornos e rabo, pero pronto viron que non era así». Su primer mandato discurrió sin más problemas que los derivados de estar al frente de un concello que, como los demás, amenazaba con morir de inanición económica. En Cambados y en O Grove, los alcaldes electos, Xoán Antonio Pillado (UG) y Xaquín Álvarez Corbacho (PCG), tuvieron más dificultades para ser aceptados por algunos de sus compañeros de corporación. Dos concejales cambadeses de ID no asumieron la derrota y ni siquiera llegaron a tomar posesión de sus cargos. En O Grove, el comunista Corbacho tuvo que hacer frente a un batiburrillo de alegaciones y recursos presentados por José Alfredo Bea Gondar (UCD), que con seis ediles se resistía a no ocupar el sillón de mando. Argumentó que la suya había sido la lista más votada, y restó legitimidad al pacto de izquierdas. Dijo también que algunos de sus rivales eran inelegibles (Corbacho y Lueiro por ser funcionarios y Jesús González por estar haciendo obras para el Concello). Pero los gobiernos de izquierdas salieron adelante. Pillado dice que la primera gran medida adoptada por su gobierno fue la regulación del suelo urbano de Cambados. En O Grove se apunta como el primer gran reto sacar adelante un PXOM que se debatió durante meses con los planos esparcidos sobre el suelo del salón de plenos y vecinos y políticos de rodillas. Sito Vázquez asegura que el gran triunfo de aquellas corporaciones fue sobrevivir al día a día.