La actitud de regidores como Durán amenaza con marcarle el paso al nuevo presidente antes incluso de que tome posesión
22 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Uno de los grandes males que durante tres lustros coartó la capacidad de la Xunta para ejecutar cambios decididos de alcance estructural fue, por paradójico que parezca, el desbordante éxito del Partido Popular en la arena política municipal. Como presidente del Gobierno gallego y fundador de la formación que lo sustentaba, Manuel Fraga gozaba de un indudable respeto entre sus huestes. Pero aquel prestigio se fundamentaba, en buena medida, en una gestión que raramente entró en contradicción con los intereses de los muchísimos alcaldes del PP que poblaron y pueblan la geografía galaica, base y pilar fundamental de la aplastante maquinaria electoral conservadora.
Ante semejante panorama, plantear cuestiones como una reforma territorial imprescindible, que por ejemplo concentre los 315 concellos del país en un puñado de entes administrativos realmente funcionales, evitando así los inconcebibles derroches y la trasnochada ineficacia del imposible minifundio municipal de Galicia, era una absoluta quimera. Como lo fue durante el breve mandato del bipartito, cuyos socios jamás se atrevieron a dar un solo paso práctico en este sentido. Le cabe a un regidor popular, Xosé Crespo , el honor de haber planteado por vez primera este reto con un proyecto en la mano. Pero la iniciativa del alcalde de Lalín, lanzada cuando Don Manuel todavía tenía mando en plaza, no pasó del papel y la tinta. Quedó la cosa en una suerte de extravagancia progresista, por parte del político conservador, que no obstante contribuyó a realzar su figura como una de las cabezas mejor amuebladas del PPdeG.
Barbaridades como el reparto de polígonos industriales sin orden ni concierto, verdadero fuego a discreción de asfalto sin más fin que contentar a los munícipes tras la nefasta administración del Prestige , encuentran su explicación en aquella especie de liderazgo sometido al paso que marcaban los alcaldes.
La renovación de la derecha
Alberto Núñez Feijoo
construyó su imagen de espaldas a este viejo esquema de feudalismo electoral, en el que los barones plantean sus querencias al monarca, trocando su aceptación por respeto a una autoridad superior, mantenimiento del equilibrio institucional y movilización de tropas en el momento en el que estalle la contienda en las urnas. Como consecuencia de ello, su incontestable victoria el 1-M confirió al presidente electo de la Xunta la condición de gran renovador de una derecha, la galaica, que aspira a modernizarse cobrando distancia con respecto a tales ataduras.
Sin embargo, la respuesta que el triunfo electoral despertó en varios ayuntamientos gobernados por los conservadores en poco contribuyen a afianzar esta línea. Más bien, operan contra ella. Apenas cuatro días después del 1-M, los regidores de Vilanova y Cambados, Gonzalo Durán y José Manuel Cores Tourís , se encargaron de anunciar la muerte del polígono industrial de Tremoedo. Feijoo ni siquiera ha presentado a su equipo, no hay todavía un conselleiro in pectore del ramo. Pero dos alcaldes arousanos se arrogan la elevada potestad de marcar la política industrial de la Xunta en la comarca de O Salnés.
La historia se repite en materias de mucha enjundia. El propio Durán afirma sin dudarlo un instante que su polémico plan urbanístico, que tantas dudas había generado en la Consellería de Política Territorial, va a seguir adelante. Y, con él, la creación de un gran área comercial a un paso de la Vía do Salnés, la gran baza del Concello de Vilanova para paliar su catastrófica situación económica y financiera. Como si, gracias a la docta opinión de un alcalde, no hiciese falta análisis técnico de ninguna clase para tomar una determinación de semejante alcance.
El progreso de la Autoridad Portuaria de Vilagarcía, que pronto presidirá alguien designado por el PP, pasa, entre otros puntos, por la reserva de 300.000 metros cuadrados de terreno industrial en el polígono de Tremoedo. Nada se dice sobre esto. Tampoco acerca de qué va a suceder a corto plazo con la necesidad de suelo empresarial en la comarca si se anula el proyecto de Tremoedo, ya en su fase final tras varias negociaciones con los vecinos afectados. Iniciar otro diseño conllevará un retraso de varios años. ¿Y si Megasa precisase de más metros cuadrados de los que puede ofrecerle la segunda fase de O Pousadoiro? No comment.
Localismo y desconfianza
El localismo es un mal endémico en Galicia, que PSOE y BNG no supieron o no se atrevieron a atajar. No es extraño que Feijoo desee un traspaso de poderes fulminante. Cuanto más tiempo transcurra sin que se siente en San Caetano, más profundas serán las señales que sus alcaldes le vayan marcando en el camino como compromisos que tal vez, cuando llegue el momento, tenga que desmentir. Y eso, ni queda bien ni genera confianza. Que es de lo que se trataba, ¿no?