El incendio que ayer obligó a rescatar a ocho personas atrapadas en un edificio de O Grove se originó en unos colchones que habían sido apilados a la entrada, junto al cuadro de electricidad. Un posible cortocircuito provocó el fuego que de inmediato prendió en los colchones, y un humo intenso se propagó escaleras arriba y llegó hasta el ático del inmueble de cuatro plantas sito en el número 90 de Beiramar.
Fue al mediodía, y tal y como reconoció posteriormente el edil de Seguridad Ciudadana, Fredi Bea, era tal el nerviosismo de los atrapados y su prisa por salir del inmueble que a ninguno se le ocurrió llamar a los equipos de rescate. «Fun eu cando me decatei do que pasaba quen chamou ao 112». Por eso, antes de que se acercarse el Grumir y mucho antes de que los bomberos de Ribadumia y los equipos de emergencias de Sanxenxo llegasen al lugar, ya algunos inquilinos se habían lanzado por las ventanas ante la imposibilidad de abandonar el edificio por las escaleras, llenas de un intenso humo negro irrespirable y unas temperaturas demasiado elevadas.
Una mujer lanzó a sus nietos al vacío desde un segundo piso y los vecinos los recogieron abajo con sábanas y colchones. Después, la abuela, de unos setenta años, con una cuerda atada a la cintura, salió por el balcón y, apoyándose en una farola, fue hasta la ventana del edificio de enfrente, ayudada también por los residentes en el otro inmueble. Entre los voluntarios que le echaron una mano estaba Francisco Meis, un trabajador del Concello.
Fueron, en total, un centenar de personas las que se acercaron para colaborar, pero ninguna de ellas pensó en llamar al 112 para reclamar el servicio de los profesionales.
Cuando llegó la Policía Local y el Grumir se repitieron las escenas cargadas de tensión. Uno de los agentes, Francisco Candal, entró en el edificio poniendo en riesgo su vida armado con una manguera con la que fue controlando el fuego para que el personal de emergencias pudiese subir y rescatar a los que todavía quedaban arriba. En total tuvieron que ser desalojadas ocho personas, y hasta un gato que sus dueños se negaban a dejar en el piso fue rescatado por otro de los agentes que participaron en el dispositivo.
Escenas de pánico
No hubo que lamentar heridos graves, aunque algunas de las personas rescatadas tuvieron que ser trasladadas a centros sanitarios por inhalación de humos, pero sobre todo, a causa del pánico que les provocó el suceso, al verse atrapados en el inmueble sin poder escapar de las llamas.
La mayoría de los inquilinos viven de alquiler, e incluso hay una familia de inmigrantes sin parientes en O Grove que les echen una mano. Sabedores de esas circunstancias, el Concello habilitó plazas en el hotel Villa Juanita para albergar a los afectados.