El BNG no acaba de explicarse su continua sangría de votos desde el 2001, año en el que puso el carro delante de los bueyes
08 mar 2009 . Actualizado a las 02:00 h.Esta ruidosa sociedad mediática, con la inmediatez como principio fundamental de acción y pensamiento, a menudo olvida que la Historia no es un tratado sobre glorias consagradas del pasado que guarda polvo en un estante, sino un relato vivo que entre todos escribimos cada día. Recuperar esta dimensión profunda de lo cotidiano, de lo contemporáneo, constituye un requisito imprescindible para entender qué está sucediendo con el nacionalismo gallego desde aquel primer y leve retroceso electoral, ocurrido en los comicios autonómicos del 2001.
El consello del BNG de O Salnés se reunió esta semana para analizar la debacle del 1-M. Pero difícilmente nadie podrá extraer una conclusión útil y orientativa sin reparar en un aspecto esencial de su trayectoria reciente: el Bloque lleva ocho años lanzando mensajes nacionalistas sin que la idea de nación haya avanzado un ápice desde entonces en la sociedad gallega.
Todo lo contrario. En el 2001 se produjo en el seno del Bloque un fenómeno en el que se mezclan los nervios y la mala interpretación del momento político. Ese cóctel condujo a un precipitado y prematuro descabalgamiento de su histórico líder, Xosé Manuel Beiras, con lo que el BNG perdió no solo a su principal referente electoral sino, sobre todo, al hombre que hizo comprensible la idea de nación gallega a amplias capas de la población, mostrando su utilidad como instrumento político, sí, pero también como modelo de comprensión social, económica y cultural del país, y, sobre todo, como herramienta de actuación y de transformación. Sin Beiras, el Bloque renunció a un elemento pedagógico fundamental en su crecimiento como organización política.
La piedra de Sísifo
Desde sus primeras expresiones, a mediados del siglo XIX, el nacionalismo gallego ha sido cosa de una élite muy reducida. En invertir esta situación y convertirlo en un movimiento amplio han empleado sus mejores esfuerzos hombres notables como el propio Castelao .
Hubo un duro trabajo intelectual detrás del Partido Galeguista. Pero para que el mensaje cuajase era imprescindible un traductor, alguien capaz de transmitir la idea de nación a un pueblo para el que durante siglos la referencia única, absoluta, fue Madrid. Y eso hizo Castelao, pilotando un auténtico y dificultoso giro copernicano. La operación funcionó y así se logró la aprobación del primer Estatuto de Autonomía. Todo se cortó de raíz con la Guerra Civil. Nada quedó en Galicia, solamente la mesa camilla de Ramón Piñeiro . Llegada la transición, el nacionalismo gallego vuelve a emprender su camino partiendo prácticamente de cero.
La fundación del BNG en A Coruña, en 1982, acuña la fórmula que ganará terreno de forma espectacular durante dos décadas. Un frente asambleario, capaz de aglutinar prácticamente cualquier grupo en su seno. La UPG, una organización eficaz y disciplinada, se combina con movimientos sociales de toda condición, muy activos en la calle y con un portavoz al frente que condensa y comunica un mensaje claro a las clases populares sin renunciar a una armazón intelectual sólida y reconocida, que conecta al Bloque con el pensamiento de vanguardia en la denominada izquierda emancipadora de todo el mundo.
Los resultados responden. En las elecciones autonómicas, desde 1985 a 1997, el BNG conquista crecientes porcentajes de voto y escaños: 4,2% (1), 8% (5), 18,4% (13) y 24,8% (18). En 1999 logra las alcaldías de Vigo, Pontevedra y Ferrol, cogobernando también con el PSOE Santiago y Lugo, y sienta a Camilo Nogueira en el Parlamento Europeo. En las generales del 2000, si bien se queda a las puertas del grupo parlamentario propio en el Congreso, incrementa su representación hasta los tres diputados.
El proceso autoabortado
Meses antes de las autonómicas del 2001, una encuesta de Sondaxe revela la posibilidad de que Galicia tenga el primer presidente nacionalista de su historia. Fraga demuestra músculo y el Bloque sufre su primer revés en 19 años: pierde 2,2 puntos y un escaño. Pero sigue siendo la segunda fuerza de la comunidad. También en O Salnés y en la mayoría de los municipios de Arousa: Sanxenxo, Cambados, O Grove, Vilanova, Ribadumia, Meaño, Pontecesures y Valga.
Surge el nerviosismo. Alguien cree que el BNG tiene tras de sí a 300.000 votantes nacionalistas, cuando no es verdad. Decapitan a Beiras cuando solo la primera parte del proyecto, la atracción electoral, se había realizado, y se lanza a un único objetivo, el gobierno a toda costa, sin percatarse de que, en realidad, la idea de nación y todo lo que implica aún no había impregnado lo suficiente no ya a la sociedad gallega en general, sino a buena parte de su propio electorado. El Bloque creaba la nación a medida que crecía. Faltaba culminar el proceso, pero se reventó la máquina antes de tiempo. Se puso el carro delante de los bueyes y se abrazó una suerte de nacionalismo sin nación. El edificio comenzó a desmoronarse. El mejor ejemplo: el comercio. Nadie ha hecho una ley como la del BNG desde la Xunta, a la medida del sector. Si el mero ejercicio del gobierno fuese suficiente, los comerciantes se habrían volcado el domingo con el Bloque. No ha sido así, apenas hay entre ellos votos en clave nacionalista. La actitud hacia el idioma bebe del mismo fenómeno.
Esa nación se resume, tras el 1-M, en 12 diputados, respaldados por un 16,6% de los votantes. El BNG ha retrocedido a algún momento entre 1989 y 1993. Si su gente no echa el freno y reflexiona, la sangría continuará.