La vena escultórica de O Grove

Bea Costa beatriz.costa@lavoz.es

AROUSA

Veinte años celebrando el Simposio Internacional de Escultura al Aire Libre ha dejado en O Grove un legado de docenas de piezas que adornan jardines y otros espacios públicos. O Grove también puede presumir de escultores aunque «aquí non nos valoran, ninguén é profeta na súa terra». Quien se queja es Manuel Rodríguez Prieto, uno de los pocos artistas de la piedra y la madera que hay en el municipio. Él es el veterano, con 72 años. El otro podría podría ser su nieto; tiene 29 años y se llama Rafael Meis Blanco . Manolo trabaja desde su pequeño taller situado cerca de su casa, en la plaza de O Corgo, una media de cuatro o cinco horas diarias. Rafa lo hace en su taller, situado en San Vicente, donde ha montado su propio expositor al pie de la carretera. Sus trayectorias son distintas pero tienen algo en común; ambos son autodidactas que llegaron a la escultura tras muchas horas de oficio.

Manuel se pasó medio siglo trabajando como ebanista lo cual le sirvió para mantener a su familia haciendo muebles y otras «chapuzas». Pero «a arte non da de comer» de modo que es ahora, ya jubilado, cuando tiene más posibilidad de explotar su vena creativa; una afición y un talento que ha heredado su hijo Manuel Rodríguez González, que ha montado su propio taller de de piedra en Valencia. De la obra del progenitor hay varios testimonios a la vista de todos. En los jardines de O Corgo está A Queridiña, la figura de una madre y su hijo elaboradas en piedra y con la que participó en una de las ediciones del Simposio de Escultura; el busto del médico de O Grove Luis Casáis que está delante de la casa de la tercera edad también lo hizo él y son varias los jardines particulares que lucen cruceiros cincelados con sus manos. La otra parte de su particular colección está repartida entre su casa y la de sus hijos, especialmente las realizadas en madera: un cuadro de la capilla de A Lanzada, una reproducción en relieve de O Meco colgado en la higuera; el puente de A Toxa, una réplica del monumento al pescador y otras escenas de la vida cotidiana grovense. Ahora mismo está trabajando en un pequeño retablo y le gustaría poder fundir en bronce el busto en escayola que hizo representando a Manuel Fraga y que el pasado sábado tuvo ocasión de enseñarle al propio Don Manuel. Otra ilusión: poder recopilar su obra y montar una exposición.

El trabajo de Rafael Meis llegó al gran público gracias a un imponente carro de vacas, hecho en piedra, que desde el pasado 6 de diciembre está al pie de la carretera de San Vicente. Unha pieza que ocupa siete metros de largo y pesa siete toneladas en la que invirtió tres meses de trabajo. Es su obra más personal aunque en las barbacoas, las chimeneas, los hórreos y los cruceiros que le encargan también pone su sello personal. «Gustaríame dedicarme máis á escultura, pero, para sobrevivir, teño que facer o que me encargan». Se familiarizó con el granito en un aserradero de piedra y desde hace tres años tiene su propio negocio. Su pretensión es poder participar en el simposio de escultura que se celebre el próximo mes de octubre.