Un hombre impidió ayer la huida a cuatro jóvenes que, supuestamente, habían robado en la tienda de su mujer
30 dic 2008 . Actualizado a las 02:00 h.«Llegué en el momento justo». Habla Javier, el propietario consorte de una tienda de moda situada a un tiro de piedra de la Praza da Independencia, en Vilagarcía. Acababa de aparcar su coche en la puerta del negocio familiar cuando su esposa apareció en el umbral y apuntó a cuatro jóvenes que caminaban por la acera como responsables de la desaparición de los 300 euros que, hasta unos instantes antes, tenía en la caja. «En cuanto la oí bajé del coche y eché a correr detrás de ellas. Tenían su coche aparcado un poco más adelante y se metieron en él, pero me acerqué y les dije que pararan». No les dejó mas opciones: el vehículo se detuvo y todos aguardaron la llegada de la policía local ante la expectación de quienes se topaban, por una razón o por otra, en la calle San Roque. Las jóvenes fueron conducidas a la comisaría de la Policía Nacional, donde se practicaron las diligencias oportunas. Sin embargo, no se les encontró encima el dinero desaparecido. «Nos quedamos como estábamos, no hemos recuperado un duro», contaba Javier por la tarde. «Seguramente tendrían a alguien en la calle a quien le pasaron el dinero».
Entretener a la víctima
Él y su esposa están convencidos de que las cuatro jóvenes eran las autoras del robo. Dos de ellas se llevaron a la mujer al fondo del local y comenzaron a preguntarle el precio de diversas prendas. Las otras dos, mientras tanto, se quedaron fuera de la vista de la dueña del local. Por eso, cuando todo el grupo salió en desbandada del establecimiento, lo primero que hizo María José -que así se llama la propietaria- fue comprobar que todo estuviese en orden en la caja. Pero allí no había más orden que el vacío: todo el dinero había volado.
«Reaccionó con mucha sangre fría, y lo primero que hizo fue salir a la calle para intentar detenerlas», explicaba Javier poco después de que hubiesen ocurrido los hechos. Eran cuatro chicas jóvenes -no pasaba de los 30 la mayor de las muchachas- de etnia gitana que ya casi estaban a la altura de los semáforos. Su recorrido terminó pronto: el marido de la dueña del establecimiento impidió su huida y albergó durante unas horas la esperanza de recuperar lo perdido. No fue así. El dinero no fue hallado en posesión de las supuestas autoras del robo.
Fue la primera vez que a los responsables de esta tienda ven violada su caja registradora, pero no era esta la primera ocasión en la que sufrían el ataque de los ladrones. Hace unos años, dos mujeres entraron en el local y se llevaron escondidos entre sus ropas varios vestidos. Otras tiendas del entorno habían sufrido también el ataque de aquel grupo.