En O Grove ya se había perdido la costumbre de los plenos maratonianos, pero el lunes se rompió la tendencia. Cuatro horas duró la sesión ordinaria, y pudieron ser más si no fuera porque el PP optó por posponer sus ruegos y preguntas para una próxima convocatoria. Pasaban las doce de la noche y los presentes mostraban ya evidentes síntomas de cansancio. Había más público del habitual, entre los cuales estaba una nutrida representación del Partido Galeguista, pero apenas una docena de personas aguantaron hasta el final.
Las tasas otra vez
El pleno fue denso porque, aun sin haber demasiados asuntos en el orden del día, los que se sometieron a votación generaron largas intervenciones. La palma se la llevó el debate abierto en torno a la obra de Ardia y que degeneró, a juicio del alcalde, en «mítines políticos». Las dos mociones de índole económica presentadas por el PP, y defendidas por el concejal Fernando Meis, también dieron que hablar, y no siempre amigablemente. Meis y Cacabelos reeditaron el combate dialéctico de otras ocasiones. El asunto se prestaba. Los populares pedían que en los tiempos de crisis que corren el Concello se apretase el cinturón; es decir, que no suba tasas e impuestos y que, por el contrario, establezca bonificaciones para familias numerosas y otros colectivos más sensibles. Volvió a salir a relucir la negativa del cuatripartito a congelarse los salarios y el alcalde volvió a acusar al PP de recurrir a la demagogia y el populismo.
Tampoco faltó debate en un asunto que, en principio, tendría que ser de trámite: la aprobación del convenio con la comunidad de San Vicente para la reforma y posterior dotación de hierba artificial en el campo de Lampáns. Se aprobó por unanimidad pero no sin que PP y AMeca hiciesen sus puntualizaciones. Para el final quedó el debate sobre la memoria histórica. La lectura de los cuatro folios de la Declaración de O Grove casi deja sin aliento al alcalde.