Cientos de toneladas de bivalvo salen todos los años del banco de libre marisqueo de A Pobra a pesar de la escasa vigilancia y de las nulas campañas de resiembra
19 nov 2008 . Actualizado a las 02:00 h.«Isto si que é duro, e non ir á batea». Así se expresaba un productor que a media mañana de ayer tiraba del rastro en el banco de libre marisqueo de Cabío, al lado mismo de una batea donde estaban trabajando. El día era soleado. Un tiempo espléndido para el paseo. Decenas de pequeñas embarcaciones se afanaban en coger frente a A Pobra un preciado tesoro: almejas. Una molesta brisa del sureste acompañaba a los marineros en una jornada que había comenzado a las ocho. El balanceo obligaba a los profesionales a redoblar sus esfuerzos, pero «aínda menos mal. Hoxe pódese traballar», relataba un hombre cubierto de sudor y agua salada.
Ramón, un experimentado vigilante del pósito de A Pobra, puso proa hacia una de las zonas productivas más ricas de toda la ría. Iba saludando a muchos mariscadores pues «despois de dez anos traballando en Cabo de Cruz e A Pobra fas moitos amigos e coñeces a case todos». Reconoce que le encanta su profesión «cando estou no mar, non me acordo de nada e o tempo pásame voando».
La campaña comenzó en los primeros días de octubre. Unas cuatrocientas lanchas acudían a diario a la zona procedentes de casi todos los puertos de Arousa. A Pobra, A Illa, Cambados, Cabo de Cruz, Palmeira y Ribeira eran los más numerosos. Ayer, el número descendió vertiginosamente. Unas cien embarcaciones buscaban bivalvo en una zona donde el rastro tenía que hundirse más de diez metros.
Mejor organización
Juan Vicente Franco Ramos es otro de los vigilantes del pósito pobrense que ayer estaba en el barco de la entidad que realiza el control en el mar, acompañado de un agente del Servizo de Gardacostas. A unos doscientos metros, otra embarcación, de la Cofradía de A Illa hacía la misma función. Toda una larga mañana a bordo esperando por los mariscadores.
«Agora xa non é coma ao primeiro, pois os mariñeiros botan case ata as dúas da tarde para coller os topes. Non hai tanto marisco», reconocía Juan Vicente Franco, pero aún así, «os cupos tráenos». Cada mariscador puede extraer 7 kilos de almeja babosa y 7 de roja, o 21 kilos de esta última especie.
El empleado de la entidad pobrense asegura que este año las cosas están mejor organizadas, «polo menos hai dúas lanchas de vixilancia e tamén máis colaboración, pois os do sur mandan cada mes un barco para as labores de control e vixilancia».
Pero no opina lo mismo de las cofradías barbanzanas. «Só Ribeira mandou un home un mes, o resto nada».
Franco Ramos es el primero en hablar con los productores. A él le exponen sus problemas, sus quejas y sus reivindicaciones. Conoce la actividad y la zona al dedillo: «O marisco é bastante bo e ten un tamaño máis que respectable. O problema é o prezo, pois non é normal que a ameixa vermella se estea a pagar entre os 3 e os 5 euros».
Los productores también notan la mejoría entre las relaciones de las cofradías arousanas. «Agora vense lanchas pola zona, vixiando e controlando, parece que hai interese por sacar isto adiante», comentaba un pobrense sin sacar la vista de la vara en el agua.
En lo que coinciden todos es que la zona es muy rica: «Non fai falla sementar. Dun ano para outro o marisco volve aparecer a pesares dos esforzos dos furtivos», aclaraba un productor.