Mucho mar y bastante menos fiesta

S. G,

AROUSA

omo sucede en Vilagarcía, el mar domina la vida de la Baja Normandía. Y, especialmente de Granville, que por algo es el primer puerto marisquero de toda Francia. Las mareas, en esta orilla del Atlántico son enormes como un día sin pan, y este tremendo oscilar del agua condiciona los modos de producción acuícola, al igual que las características de la ría de Arousa convierten a las bateas en un eficaz instrumento.

Al granvilloise le gusta el mejillón, sin pasarse. Sin pasarse de 5 centímetros de longitud, porque el molusco típico que se consume en Galicia les parece a estas gentes demasiado grande, hasta asustar su paladar. Menean el bigote, sin embargo, con una suerte de caramuxo venido a más, aunque de sabor menos intenso, una especie de caracola de unos 10 o 15 centímetros denominada boulon. Tanto les va su carne prieta que la han convertido en su estrella gastronómica. Al paisano galaico, sin embargo, podría ponerle los pelos de punta, en justa correspondencia a la diferencia de gustos con respecto al mejillón.

Su puerto pesquero es muy potente, pero no dispone de un órgano de gestión. Por contra, su administración corre por cuenta de la Cámara de Comercio. Hay un organismo que agrupa a los productores de mejillón y una especie de instituto científico, estilo Intecmar, pero los controles son menos frecuentes -las grandísimas mareas renuevan el agua constantemente en un mar abierto al Atlántico-, el desarrollo de su acuicultura suma tres décadas, y la mayor experiencia e importancia social del marisqueo en Arousa es evidente. No obstante, toda la estructura que rodea al mejillón cumple funciones específicas, bien diferenciadas. El mejillonero hace su parte, los transformadores la suya, las cooperativas de venta de marisco cumplen con su parte, y el político toma sus decisiones. Esa confusión que tanto parece gustarnos a nosotros, con esos perfiles atrevidos y difuminados, capaces de meterse en el ámbito del vecino de enfrente a las primeras de cambio, aquí no se observa.

Se conocen dos fiestas de importancia en el calendario granvilloise: el Carnaval y, en plan gastronómico, el Festival de los Moluscos y los Crustáceos, que hoy se inaugura y en el que Galicia, y Vilagarcía como su representante, es la invitada de honor. La bandera blanca y azul luce en los carteles de los escaparates. Ahora que, en cuanto a festiñas, la capital arousana gana por goleada. Alguien lo dijo en la recepción municipal y los normandos ni rechistaron. En el pleno de Granville (15.000 habitantes) se sientan, por cierto, 33 concejales. El partido gobernante, una formación independiente ubicada hacia el centro-izquierda suma 25 concejales. Un sueño para el bipartito.