Desde hace dos años, hablar de inundaciones en Vilagarcía remite inevitablemente a lo ocurrido en noviembre del 2006, cuando el río de O Con se desbordó sobre el centro de la ciudad. Sin embargo, son muchos los precedentes que, sin llegar a alcanzar tal entidad, se repitieron por docenas en calles como Alcalde Rey Daviña o el cruce de O Ramal.
Octubre de 1999, diciembre del 2000, enero del 2001 o marzo del mismo año fueron fechas especialmente funestas. Calles enteras anegadas, arquetas que en lugar de absorber agua la vertían a la vía pública y vecinos tirándose de los pelos fueron escenas harto frecuentes en el centro de la ciudad.
La respuesta que entonces dio el Concello pasó por destinar el 80% de los 1,2 millones de euros que le correspondían del plan Pomal a la sustitución de las conducciones de las aguas pluviales por tuberías con mayor sección y a su separación con respecto a la conducción de las aguas residuales. El entonces alcalde, Javier Gago, consideraba de que de esta forma lugares como Rey Daviña podrían hacer frente al riesgo de inundación en condiciones pluviométricas normales. Pero, advertía el regidor, sería difícil contener el agua si las precipitaciones alcanzaban niveles extraordinarios y la marea llena dificultaba el desagüe. Desgraciadamente, el tiempo acabó por darle la razón.