Ayer cuando llegué a casa mis hijos no estaban y las utilicé para entrar. No recuerdo donde las he dejado. Debe ser la edad, porque anteayer olvidé ponerme mis zapatos y salí a la calle únicamente en calcetines.
Mi nieta dice que debería ir donde el médico pero yo pienso que son «pequeños despistes». A veces no recuerdo lo que he leído en el periódico pero no olvido mis juegos de niña, ni los cuentos y canciones que mi madre me enseñó de chiquilla.
Mi memoria está bien, solo que estoy ya un poco cansada.
Si, últimamente olvido algunas cosas pero trato de no pensar mucho en ello e intento que mis hijos y mis nietos no lo noten.
Mi amiga Julia está en una residencia. Ella tiene Alzhéimer. Sus hijos dijeron que lo de la residencia era lo mejor, que allí estaría más atendida, pero ahora Julia está sola. Casi no van a verla. Están, todos, muy ocupados.
Ha olvidado su nombre y a menudo, por su cara corren las lágrimas.
Antes iba todos los días para hacerle compañía, pero ahora ya no puedo. Veo en mí el comienzo de su enfermedad y eso me desespera.
Ella también olvidaba dónde había dejado las llaves.
No quiero pensar en ello, pero empiezo a olvidar mi día a día.
Cuando mis hijos eran niños, les ayudaba con los deberes. He vivido el hambre en la guerra y el miedo en la posguerra. Celebré, como nadie, la llegada de la democracia. Me alegré con las primeras elecciones y he luchado por dar a los míos lo mejor de mí.
No soy una heroína, pero no quiero olvidar mi vida; me da miedo olvidar quién fui? Me da miedo olvidar quién soy.
21 de Septiembre 2008. Día internacional del alzhéimer.
Posdata: «Si no recuerdas, no eres». Marta García . Vilagarcía
Siempre que se habla de feísmo se piensa en hormigón. Pero el feísmo no solo es eso. Hay muchas otras cosas que contribuyen a empobrecer la imagen de un pueblo. Una de ellas son los contenedores. Alguien debería inventar algún método para evitar la presencia de estos utensilios tan feos en las calles. Otra es la proliferación de carteles pegados por todas partes. En Vilagarcía, en pleno centro, todavía quedan restos de la publicidad de las elecciones de hace un año. Debería ser obligatorio retirarlos. Sara González . Vilagarcía