Un brindis por Tino Sabarís

AROUSA

El pub A Musaraña celebra este sábado, a medianoche, el homenaje que su socio fundador hubiese querido

27 may 2008 . Actualizado a las 02:00 h.

La noche negra del 4 de mayo se llevó a Tino Abad Sabarís, aprovechando un traidor fallo cardíaco. Nadie se lo esperaba, pero todo el mundo coincidió en algo más: de haberlo sabido, Tino hubiese querido una fiesta de despedida por todo lo alto. Y el pub A Musaraña, uno de los locales incombustibles de las madrugadas vilagarcianas, que él mismo puso en pie como uno de sus fundadores, lo hará este sábado, brindando por su memoria.

Al homenaje está invitada la clientela que a lo largo de 25 años ha ido reuniendo el pequeño roedor nocturno que da nombre al local en torno a su barra. A ambos lados de ella. Porque, al menos entre medianoche y las dos de la mañana, la dirección del Musaraña, con Andrés y Eduardo a la cabeza, proponen para ese par de horas una barra libre firme y potente. No en vano, serán los barman que durante tanto tiempo han servido las copas a tantos navegantes de la noche quienes vuelvan a ponerse el mono de trabajo a la salud de Tino. Habrá, aseguran los organizadores, sorpresas y buenas conexiones con La Marina, la cafetería que completaba el mapamundi hostelero que Tino y Andrés dibujaron para la Vilagarcía de muchos años.

De la nómina de asistentes y de la plantilla de camareros que despidan a Tino poco más se puede decir. Los amigos están por todas partes. En los bares, pero también en las empresas, en el deporte, en aquellos famosos partidos que Espanha y Portugal disputaban cada vez que un año anunciaba su fin. Es probable que en esta ocasión, y sin que sirva de precedente, incluso los barcelonistas de pro, que son unos cuantos, hayan mitigado su gran mosqueo por el patético final de la liga y el repaso que el Madrid propinó a los azulgrana días después, sabiendo que a Tino aquello le hubiese sabido a gloria. Le haya sabido, mejor dicho, allá donde esté, esperando a su gente con toda la paciencia del mundo.

Entretanto, mientras el momento de los reencuentros figura congelado en alguna dimensión, aquí abajo, en las tres que conocemos, llega el momento de brindar por a la memoria de Tino. Que él mismo se siente o se acode en el lugar más cómodo que tenga a mano, que levante una copa más y que eche un trago por nosotros, que le acompañamos en el gran dibujo de las cosas.