«Echo de menos estar más tutelado»

La Voz

AROUSA

Alejandro González-Carreró (Santiago, 1982) estudió el MIR en Oviedo, pero no porque la alternativa de hacerlo en Santiago fuera mala, sino porque la metodología de Asturias le gustaba más. De hecho, según cree, antes había mayor diferencia que ahora entre preparar el examen en Oviedo en cuanto al nivel. En su caso, además, prefería marcharse de la capital porque así podía centrarse solo en estudiar el MIR. Lo sacó y acabó regresando a Santiago.

Empieza su segundo año como residente de Traumatología en el Hospital Clínico, un centro muy grande y en el que «la gente usa mal las urgencias». Es una de las cosas que más le llaman la atención cuando hace sus guardias en esa unidad -seis veces al mes-: «Estudias Medicina por vocación y cuando ves por qué la gente va a urgencias...», dice.

Alejandro González-Carreró asegura que los residentes trabajan bastante: «Dicen que los residentes somos mano de obra» y él, particularmente, echa de menos «estar un poco más tutelado».

Dice que el MIR se ha convertido en un examen «más para pillar que para evaluar conocimientos». Un ejemplo: hace unos años la prueba tenía 15.000 caracteres y ahora tiene 24.000. Pasaron de escribir 1999 en número a hacerlo en letra, porque así se tarda más en leerlo y el alumno puede contestar a menos preguntas.