Ni con cien kilos de chorizo

M. Alfonso redac.arousa@lavoz.es

AROUSA

La comarca arousana es ya famosa por su calendario de fiestas gastronómicas, que convierte el verano en una ocasión única para probar todas las especialidades culinarias de la zona. Y la fiesta del chorizo al vino que celebra Meis es conocida por ser una de las primeras que se festeja cada año. De su organización se encarga la asociación Jomime y este fin de semana ha conseguido romper todas las previsiones. Quizás por el buen tiempo, quizás porque los chorizos estaban muy buenos lo cierto es que los cien kilos de este producto se agotaron enseguida. Vamos, que las cocineras no dieron abasto para alimentar a todos los que por allí pasaron.

La fiesta que organizan los chicos de Jomime es ya toda una romería, que cuenta con todo tipo de actos para animar a los presentes. Uno puede irse allí a degustar simplemente una tapa de chorizo al vino o puede aprovechar la ocasión para participar en una comida campestre. Porque no se crean que solo había chorizo, la organización preparó también kilos y kilos de zorza en empanada que desaparecieron con la misma rapidez que los cien kilos de chorizo.

Después de tanta comida nada mejor que algo de deporte, por eso de hacer mejor la digestión. Casi tan famosa como la fiesta es ya la carrera de carretas que se organiza por la tarde. En esta ocasión se presentaron un total de doce equipos que tuvieron que recorrer un kilómetro empujando la carreta en la que viajaba su compañero. Los más rápidos fueron Rosendo González y Pedro Outeda , que quedaron el primer lugar. Enhorabuena a los campeones. Un cuento colectivo. Mientras los vecinos de Meis disfrutaban de la fiesta del chorizo al vino, los de Vilagarcía pudieron participar en una original iniciativa que buscaba fomentar el uso del idioma gallego. En la plaza de Galicia se instaló lo que la Consellería de Cultura ha bautizado como el «Cubo Contador». Se trata de una carpa cúbica de nueve metros cuadrados en la que había una silla y un equipo de grabación. Los paseantes que así lo decidieron pudieron introducirse en su interior para participar en la elaboración de un divertido cuento. Tras escuchar las últimas frases del participante anterior, disponían de veinte segundos para tratar de continuar la historia. Todo ello, por supuesto, en gallego. El resultado de todo esto podrá verse en breve colgado en Internet.