Un espíritu emprendedor en el corazón de la ría de Arousa

B. C.

AROUSA

El mundo del mar y la conserva acaba de perder a uno de sus referentes en Arousa. Antonio Otero Suárez falleció hace una semana en el pueblo que lo vio nacer hace 95 años, A Illa, después de toda una vida ligada a estos sectores. Corre que chove , como así le conocían sus vecinos, pronto empezó a despuntar. Con doce años trabajaba ya en la pesca y a los 17 se convirtió en uno de los patrones más jóvenes de al época, llevando el timón de cerqueros de gran porte. Acabó convirtiéndose en armador y adquirió sus propios barcos: primero el sardinero Ben-Hur y, posteriormente, El Delfina.

Pero su valía y sus aspiraciones no se circunscribían al trabajo a bordo. Fue nombrado patrón mayor de A Illa y ejerció como presidente de la Confederación de Cofradías de España. Bajo su mandato se construyó la primera casa del mar, situada en los locales que hoy ocupa la cofradía; se codeó con las máximas autoridades del Ministerio de la Marina y del Instituto Social de la Marina de entonces y fue vocal del Consejo Ordenador de la Marina Mercante.

Antonio Otero tampoco se quedó al margen de la actividad industrial. Fue fundador de la compañía Motobarcas Arosa que transportaba mercancías por la ría; pionero en la instalación de bateas de A Illa y en 1970 adquirió su propia fábrica para transformar el mejillón. Así nació la conservera Antonio Otero Suárez S. L., que después pasaría a denominarse Conservas Dardo S. L., tal y como la conocemos hoy en día.

La fábrica situada en la rúa Castelao de A Illa resultaba ya obsoleta y pequeña para las necesidades de fabricación y Antonio Otero trasladó la actividad fabril a Vilanova, al pie de la ensenada de O Esteiro, en 1988.

Pero el fuego truncó la trayectoria de Dardo. Un demoledor incendio arrasó la fábrica en 1996, pero el empeño del empresario y las ayudas de la Administración hicieron posible que poco después resurgiera de sus cenizas.

Este incendio y la muerte de dos trabajadores en accidente laboral en su fábrica de A Illa en 1978 -entre los que se encontraba un hijo suyo- le dejaron huella. Pero, dicen quienes le conocieron, que Antonio era de los que siempre miraba hacia adelante.