El taller de Manuel Trelles, en Meloxo, no para. Sus naves se han llenado de barcos que necesitan un arreglo
23 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.Manuel Trelles está que no da abasto. Su taller de reparación de embarcaciones, situado al pie de Porto Meloxo, se ha convertido en un auténtico hospital de campaña para las embarcaciones que la pasada semana se convirtieron en víctimas inocentes del temporal de viento y lluvia que azotó toda Galicia. Casi todos los enfermos están aquejados de los mismos males, según explica el mecánico: roturas en colas, motores y cascos.
«Hay quien puede pensar que para nosotros, este tipo de sucesos son buenos. Que, como decía el enterrador, 'que no muera nadie, pero que el trabajo no me falte'», contaba ayer Trelles. Pero ese no es su caso. «Para mí, estas situaciones no son para nada agradables», argumentaba. «Por suerte, de trabajo no estamos nunca mal, y en estos momentos estamos sobresaturados». Además, «muchos de nuestros clientes han sufrido daños importantes y eso no nos alegra».
Las víctimas
Y es que Trelles, más que como un enterrador, parece identificarse con un médico capaz de devolver la salud a aquellas embarcaciones que la han perdido. Hasta diez víctimas del temporal tiene ahora entre manos. Y es que lo ocurrido el pasado viernes «se fue un poco de madre». «Es normal que, una o dos veces al año, haya un temporal que eche a pique uno o dos barcos, pero lo del otro día fue demasiado».
Fue algo especial, pero no inédito. «En diciembre del 2005 pasó algo parecido. Hasta hubo un tornado». Pero en aquella ocasión los daños en los barcos atracados en Meloxo fueron lo de menos: el temporal se llevó por delante la vida de un hombre que había acudido a comprobar que su lancha estaba a salvo.
Trelles, que conoce bien el puerto, cree que la configuración de las instalaciones portuarias de Meloxo juega en contra de la seguridad de los barcos. El puerto está muy expuesto, en la boca de la ría, y cuando se desatan los elementos, nada detiene ni al viento, ni al mar, ni a las olas. Para muestra, lo ocurrido la pasada semana, cuando barcos de todos los tamaños sufrieron la fiereza del envite. «No solo se vieron afectados barcos pequeños: también bateeiros, de entre 14 y 21 metros, también se soltaron». «En realidad, hubo suerte de que no pasase nada más grave», concluye el mecánico.