La errática gestión del Grumir ha colmado la paciencia de bastante gente en Ravella, incluida la del BNG. El PSOE se arriesga sin sentido a estrangular todos sus apoyos
06 abr 2008 . Actualizado a las 02:00 h.«El hombre solitario es una bestia o un dios» sostenía el filósofo griego Aristóteles en el siglo IV antes de Cristo. La serie de errores encadenados por el PSOE de Vilagarcía a lo largo de las últimas semanas amenaza con dejar solos a los socialistas vilagarcianos, pero en todo ello no se atisba ni el más leve signo de divinidad. Más bien, todo lo contrario. La eliminación del Grumir a manos de la Xunta y la Fegamp se ha mezclado con una montaña de obsesiones con el pasado, desconfianzas radicales hacia determinados departamentos municipales y una confusión pasmosa entre la función que cumple un servicio y la estructura que se le ha dado.
El cóctel, muy indigesto, se lo ha bebido de un trago el grupo socialista sin consultar con nadie la receta, ni siquiera con su socio de gobierno, el BNG, y el resultado es la primera brecha seria en la coalición que gestiona los derroteros de la tercera ciudad de la provincia.
Para comprender exactamente qué está pasando en Vilagarcía conviene tener clara la situación mental con la que el nuevo grupo del PSOE se instala en Ravella. La directriz es borrar del mapa cualquier atisbo de la etapa anterior. Pero en lugar de realizar un diagnóstico de los 16 años de gobierno socialista bajo el mandato de Javier Gago , aprovechando sus puntos positivos y diseñando alternativas sólidas para corregir los aspectos negativos, o simplemente divergentes con los nuevos criterios, el equipo que rodea a la alcaldesa, Dolores García , dirige la artillería hacia dentro y se dedica a identificar los núcleos de supuesta resistencia en el Ayuntamiento para proceder a eliminarlos. Son los, en palabras de un destacado concejal, los «grupos insumisos». Ahí es nada.
Esta desconfianza a ultranza constituye el verdadero pecado original de los socialistas en esta nueva andadura municipal. Antes de escuchar a su gente, profundizar en su funcionamiento y explicarles qué se espera exactamente de ellos, determinados servicios son juzgados y condenados de un plumazo. El Grumir es el primero, pero hay más y, si el panorama no cambia, poco a poco se irán conociendo.
Lo malo no es que el PSOE quisiese desde el principio prescindir del Grumir -por eso no puso un solo reparo a la decisión de la Xunta y la Fegamp-, lo malo es que ciertos miembros del gobierno están convencidos de que las tareas que llevaban a cabo sus integrantes eran excesivas e inútiles. He ahí la tremenda confusión entre la constitución del servicio en sí y la función que este cumple.
Se olvidan, así, del vecino al que se le inunda al garaje, de los chavales que se quedan encerrados en un ascensor, del automóvil cuya batería se descarga, de las cerraduras que no se abren o de la mujer que cada día debe buscarse la vida para que su madre, impedida y de avanzada edad, pueda bajar tres pisos sin ascensor para recibir tratamiento médico. Eso, por no acordarse de los incendios forestales o las inundaciones. Para los primeros problemas, los bomberos no estarán disponibles, lógicamente puesto que no son su cometido. Para los segundos, la dotación de la subsede es corta. Se anuncia ahora que esa nueva patrulla, constituida con retales de las brigadas de Obras, Medio Ambiente y Electricidad, podría ser reforzada con la mayor parte de los despedidos del Grumir. Bien, pero solo porque la presión política y social, el pulso de la calle, ese que el buen político jamás debe descuidar, ha metido el miedo en el cuerpo de Ravella.
Es lógico pensar que la estrategia socialista, con el acuerdo trampa que se presentó al pleno de hace dos semanas, fue diseñada por su hombre fuerte, Marcelino Abuín , con el concurso de la jefa de la Policía Local, Mari Carmen Roca , quien se ha ganado la confianza de la regidora. Su intento ha fracasado por otras dos razones: el grupo del puño y la rosa trató de hacer comulgar con ruedas de molino y cartas marcadas al resto de la corporación, y el ambiente de abierto enfrentamiento que esta serie de operaciones han generado en el propio seno del puño y la rosa. Señalados dirigentes consideran que la deriva de Abuín constituye un peligroso exceso con el que está aislando y, sobre todo, dañando enormemente la imagen de la alcaldesa y, por extensión, de todo el gobierno.
Las diferencias se han ido labrando con el paso del tiempo y en más frentes, pero la del Grumir es la gota que está a punto de colmar el vaso de la paciencia del BNG, que en todo este sainete ha recibido desde el grupo socialista el mismo trato que el PP, Ivil y Esquerda Unida. Es decir, exactamente igual que si los nacionalistas no formasen parte de la coalición gobernante. Así, cuando el miércoles Dolores García se reúne en Santiago con la directora xeral de Protección Civil, al teniente de alcalde y número uno del Bloque, Xosé Castro Ratón , se le informa de la peregrina redistribución de empleados municipales para cubrir las emergencias al mismo tiempo que al resto de los portavoces. Sin duda, un extraño detalle hacia el socio de gobierno.
Castro Ratón se ha mantenido, por el momento, en un tono cauto pese a marcar distancias con la solución propuesta por el PSOE para la crisis del Grumir. Pero en realidad el enfado y la preocupación son evidentes en el BNG.
Ni que decir tiene que la perspectiva entre el resto de los grupos no es mejor. Al PP de Tomás Fole se le entrega una carta blanca para la crítica certera puesto que, con el vaivén de improvisaciones sobre esta materia, el PSOE está anulando como argumento incluso los clamorosos errores cometidos por los conservadores cuando gobernaban la Xunta. A Esquerda Unida y a Juan Fajardo se le confirman todas sus sospechas sobre la incoherencia y la inoportunidad que supondría para su gente entrar a formar parte de un gobierno que no parece tener nada claro y navega a golpe de ocurrencias. Y a Ivil y a José Luis Rivera , que fue el primero en solicitar una reunión de portavoces para analizar la situación del Grumir, se le pierde como virtual apoyo en el pleno a falta de otros acuerdos. Los presupuestos de este año no han sido aprobados. A este paso, cabe preguntarse quién va a votarlos. Porque el hombre solitario, sea o no un dios, no puede hacerlo sin ayuda. La vida es dura.