Lenguaje musical entre idiomas

Serxio González serxio.gonzalez@lavoz.es

AROUSA

Tal vez recuerden ustedes, atentos lectores, la imagen del presidente de la Xunta, Emilio Pérez Touriño, inaugurando hace meses la sede de la Escola Oficial de Idiomas de Vilagarcía, ubicada, a la sazón, en el Bosque dos Desamparados. Aquel acto estuvo marcado por el protocolo institucional y las intervenciones políticas, amén de una meritoria demostración de maestría al violín por parte de un intérprete vilagarciano. Pues bien, la velada del miércoles pasado, reservada por muchos para asistir a las andanzas televisivas de cierto personaje de título nobiliario y pretensiones tan mamarias como paradisíacas, se tradujeron, en el notable edificio lingüístico, en una inauguración pensada para las distancias cortas. Para los alumnos, presentes, futuros y tal vez pasados, de un centro de brillante arquitectura y lúcida función social: contribuir a romper, de una vez por todas, la torpeza idiomática que caracteriza a esta esquina del planeta en cuanto se aleja uno de los romances ibéricos.

Se inició la cuestión hacia las ocho de la tarde, y quien pensase en el típico y apresurado pincho por salir del paso está muy equivocado. Los muchachos del conservatorio se emplearon a fondo para aportar una excelente cobertura musical al evento. Los alumnos de la propia escuela escenificaron varios momentos de alto nivel en alemán y portugués. Y la velada concluyó cerca de dos horas más tarde con, ahora ya sí, un vino. El director de las instalaciones, Xosé Manuel Neira, puede estar satisfecho. La alcaldesa, Dolores García, el teniente de alcalde, Castro Ratón, y otros munícipes ficharon. Tan solo una pregunta, ¿para cuándo el chino?