De fiesta en fiesta... y tiro porque me toca. Este dicho bien podría aplicarse a los dos primeros meses del año en A Illa, un tiempo en el que los isleños pasan, casi sin tregua, de la Navidad a San Julián y del patrón a los carnavales. Por ahora, tras los turrones, han llegado ya a la segunda etapa de ese intenso camino. Todavía están en el ecuador y el cansancio se va llevando.
Ayer las lluvias le dieron una tregua, así que los habitantes del municipio insular no tuvieron que mojarse para celebrar a su patrón. Comenzaron la jornada hacia mediodía, con misa y procesión, y continuaron ya con la juerga y con la tradición. Porque la tradición manda que el día de San Julián debe producirse la mayor concentración de corbatas por metro cuadrado. Y eso ocurrió, una vez más y como está mandado.
El San Julián de A Illa no tiene nada de particular: al fin y al cabo se trata de grupos que se reúnen para pasar el día comiendo, bebiendo y divirtiéndose. Pero, pese a su sencillez, es una fiesta distinta a todas las demás. Todas las generaciones, desde los más jóvenes a los mayores, disfrutan de ella. Y, sobre todo, es una fiesta vedada a las mujeres, aunque en estos tiempos de político corrección también empiezan a sumarse las féminas. Como debe ser. Hoy toca más fiesta y después, a esperar a Don Carnal.
Pero los isleños no son los únicos que festejan a San Julián. También en Pontecesures celebran por todo lo alto este día. El arzobispo Julián Barrio participó ayer en los actos religiosos.