El Sdent Sierre es el equipo de los tres que le correspondieron al Extrugasa en la Eurocup que ha tenido un mejor comportamiento con el club vilagarciano. Las suizas han estado pendientes de todos los detalles, con su entrenador, el gallego Armando Otero a la cabeza. El miércoles, tras el encuentro, hubo una parrillada popular a la entrada del pabellón a la que los anfitriones invitaron a las jugadoras del cuadro vilagarciano y a los acompañantes de la expedición.
No hubo dudas, y cuando se cuestionó a las jugadoras sobre cenar en el hotel o degustar las viandas locales, la respuesta fue prácticamente unánime: a comer salchichas y carne a la brasa. El olor a la llegada al pabellón (una hora antes de empezar el partido ya había viandas en la parrilla) ya presagiaba buenas cosas. Y al catar el material tan gentilmente ofrecido, no hubo ninguna duda, estaba todo buenísimo. Todo era mucho más que la carne: queso fundido en vivo y en directo y unos cachelos servían de guarnición. Y para molla-la palleta, vinos de la tierra (que está prácticamente todo sembrada de viñedos por aquellos lares, por cierto), cervezas y refrescos varios.
Hubo barra libre para comer. La única advertencia era que había que conservar el plato, puesto que estos escaseaban. Y ante semejante invitación, las jugadoras del Extrugasa no defraudaron. Pero tampoco el cuerpo técnico (Marcos Domínguez hizo varias visitas al mostrador) ni alguno de los acompañantes (Iván Villar abrió la puerta de acceso al pabellón también en más de una oportunidad). La cuota institucional del desplazamiento también dio el visto bueno y Marta Souto, Paco Martín y Cristina Tarrío -que ya habían pasado por la zona VIP al descanso y al final del partido- no pusieron ningún reparo en hincar el diente a lo ofrecido.
Ayer por la mañana Isaac Fernández y Jordi Aragonés ofrecieron a sus jugadoras una doble sesión de trabajo en la pista y en el gimnasio, pero la tarde era libre y la mayoría optó por planear el asalto al chocolate suizo. No hubo demasiado tiempo porque las tiendas en el país helvético cierran a las seis y media, pero por los estantes del chocolate de un centro comercial de la localidad de Martigny hay testigos que dicen haber visto a varios hombres y mujeres arrasando compulsivamente el espacio reservado a los dulces. Hubo tiempo incluso para darse un paseo por los estantes de los quesos. No mucho, porque más de una jugadora tuvo problemas para calcular el cambio entre euros y francos suizos. Aún así, las bolsas con las que se subieron al autobús que debía llevarles de vuelta al hotel sirven para constatar que el gasto fue importante. Por cierto, impresionante el sistema de cobro para las tarjetas de crédito en ese centro comercial. Viaje a Valencia. Dicen que el chocolate da energías y falta les hace a las chicas del Extrugasa, que hoy afrontan otro desplazamiento durillo. Tres horas de autobús hasta el aeropuerto de Basilea y otras tantas en avión para llegar a Valencia.