Lo que mal empieza no siempre mal acaba

B. C.

AROUSA

A la media hora de haber empezado el pleno Gonzalo Durán ya había cumplido con el cupo habitual de expulsar a la oposición. En esta ocasión le tocó el portavoz del PSOE, Rodrigo Santiago, que se ausentó siendo secundado por sus dos compañeros de grupo. El alcalde ni siquiera le dejó seguir el pleno en la sala y tuvo que irse a la calle.

Con los socialistas también se fueron algunos vecinos en señal de solidaridad y cuando emprendían camino a la puerta algunos vecinos se intercambiaron insultos; el asunto no acabó ahí. El ex concejal del PP, Paco Charlín, consideró que se faltó gravemente al respeto al alcalde y salió al pasillo a reprochárselo al supuesto autor del agravio. Se oyeron gritos y el regidor dio orden a la Policía Local para que interviniera; lo hicieron a tiempo para evitar que algunos llegaran a las manos.

Con este clima se afrontó el cuarto punto del orden del día que hacía alusión al cambio de la relación de puestos de trabajo del Concello. A partir de ahí se rebajó el tono, Durán hizo un alarde de contención y solo llamó al orden una vez a los concejales del Bloque.

De hecho, el alcalde tuvo un gesto de generosidad y dejó que defendieran las cuatro mociones que presentaron por registro pese a que en el orden del día solo se incluyeron dos, en cumplimiento de una normativa municipal que limita el número de mociones en los plenos. Lo más insólito es que todas fueron aprobadas gracias al apoyo del PP, aunque con matices.

Las galescolas y las ikastolas

Así, lo que se presentó como una solicitud a la Diputación para que construyera una escuela infantil en Vilanova acabó convirtiéndose en una petición a a la Vicepresidencia de la Xunta para que construya una guardería aunque en ella deberá «darse liberdade para falar nos dous idiomas, galego e castelán», puntualizó el regidor. La cuestión es que Durán está en contra del modelo de las galescolas en lo que se refiere a la «imposición del gallego y adoctrinamiento de los niños» y ayer volvió a compararlas con las ikastolas vascas.

También se aprobó la moción para mejorar la oferta de cursos formativos y se alcanzó un consenso en las que hacían relación a las obras de la PO-549 y el cambio del nombre de calles en San Miguel. La guinda fue que el alcalde incluso atendió con aprobación los ruegos del BNG. Casi no se lo creían ni ellos.