La penumbra marca el camino hasta la puerta del coche, a pesar de que son las ocho de la tarde en Vilagarcía. Pero una vez dentro del vehículo sólo los faros marcan el camino. A ambos lados, la oscuridad queda patente. Esta va a ser la tónica general hasta que lleguemos a la playa de A Lanzada.
La carretera comarcal se convierte en un constante obstáculo luminoso en la que los peatones son un elemento de riesgo, ya que junto a la falta de luz, está la de aceras que faciliten su paso. Al llegar a A Lanzada la escasa iluminación se interrumpe abruptamente. Estamos en el complejo intermareal Umia-O Grove y por tanto, paso obligatorio de aves migratorias. El único sonido en esta zona es el mar y la única luz, debería ser la del alumbrado vertical y horizontal. Sin embargo, la normativa de protección ambiental impidió la instalación de alumbrado público. Centenares de conductores se enfrentan a una carretera peligrosa y oscura con el único consuelo de que el gobierno local encuentre la fórmula para compaginar seguridad con Medio Ambiente.
En los 40 kilómetros que transcurren por la vía de alta capacidad desde O Grove hasta Vilagarcía sólo se iluminan las zonas conflictivas y los tramos urbanos, sin embargo la oscuridad marca la pauta.