La Consellería de Medio Ambiente tramita un expediente contra la empresa por invasión de dominio público
26 oct 2007 . Actualizado a las 02:00 h.Algunos de los promotores que operan en Vilagarcía parecen decididos a seguir dando oportunidades al río de O Con para que ajuste sus cuentas pendientes con el urbanismo desnortado que durante tanto tiempo ha imperado en la capital arousana. El caso del parque fluvial de A Coca, uno de los espacios verdes estrella del centro de la ciudad, es paradigmático de esta sorprendente actitud, que se diría producto de haber asistido al desastre del año pasado como quien escucha, nunca mejor dicho, llover.
El hecho de que la Consellería de Medio Ambiente haya abierto hace meses un expediente a la promotora Vicando -propiedad del presidente de la Cámara de Comercio de Vilagarcía, Carlos Oubiña, por invasión de dominio público en el entorno de un cauce fluvial- no ha sido obstáculo para que la firma prosiga la construcción de un edificio cuya configuración constituye un ataque flagrante a la línea de flotación del parque.
Quienes antes de las inundaciones de noviembre del 2006 tuviesen costumbre de pasear por este espacio y no lo hagan desde hace un tiempo se toparán en estos momentos con una sorpresa harto desagradable: un muro con aspecto de nicho blanquecino y altura de varios metros invade la zona verde hasta rozar prácticamente durante un buen trecho la pasarela de madera que atraviesa A Coca de parte a parte. Es sólo el volumen inferior, la estructura que sirve de basamento a un bloque de cinco plantas que se asoma sobre el río de O Con como un suicida al borde de un acantilado.
Intuitivamente se entiende que lo que se observa es la pared posterior de los probables garajes que darán servicio a los nuevos vecinos de A Florida. La perspectiva visual del parque está arruinada, como puede comprobarse en la imagen que acompaña estas líneas. Pero además no parece que el lugar elegido para que la urbanización, construida en varias fases, se interne hacia el parque trazando un ángulo recto sea el más prudente. Porque, justo en este punto, es en el que la altura del río con respecto a los inmuebles circundantes es menor.
Ayer, los obreros continuaban trabajando en el edificio en cuestión. Tan pegados a la vegetación que sus andamios se confundían con las ramas de los árboles. Unos ejemplares que -el tiempo lo dirá, pero la experiencia de lugares como la avenida Moreira Casal indica que en la convivencia entre nuevos inquilinos y arbolado demasiado próximo a sus ventanas siempre acaba perdiendo el reino vegetal- corren serio peligro.