La absurda guerra de las mangueras

AROUSA

Con las lluvias y el riesgo de inundaciones a las puertas, convendría poner orden entre Protección Civil y los bomberos. Para algo existe una Lei de Emerxencias

21 oct 2007 . Actualizado a las 02:00 h.

Dentro de unas semanas, Vilagarcía se enfrentará al primer aniversario de la crecida que, un mal día de noviembre, puso a correr el río de O Con por el centro de la ciudad. Aunque parezca mentira, no es, a estas alturas, la prevención y puesta a punto de un protocolo de actuación frente a cualquier amenaza de este tipo lo que domina el discurso sobre las emergencias. En la capital arousana lo que se lleva es el debate sexoangelino sobre si deben ser los muchachos de Protección Civil o los Bombeiros de O Salnés quienes se hagan cargo de cualquier operativo.

Consultada la Consellería de Presidencia al respecto, tampoco en Santiago parecen tenerlo nada claro. Y eso que el propio departamento autonómico ha elaborado la primera Lei de Emerxencias de Galicia, en vigor desde mayo pasado.

Si en realidad las autoridades competentes quieren deshacer esta madeja para centrarse en lo que verdaderamente importa -ofrecer un servicio integrado y eficiente, porque lo que interesa al contribuyente es que no se queme su casa, no el color de la manguera- no tienen más que acudir a un texto legal que, además, anula cualquier otra disposición de su mismo rango que contravenga sus disposiciones. El lector descubrirá, así, que todos los concellos cuya población supere los 20.000 habitantes (en O Salnés, sólo Vilagarcía) tienen obligación de crear un servicio municipal de gestión de emergencias, extinción de incendios y salvamento. No hay, por lo tanto, razones para discutir la existencia de Protección Civil y su participación en operativos de todo tipo, que por otra parte tienen que ser coordinados por la persona que detente la alcaldía como «mando superior de todos os servizos e recursos afectados».

Al detectarse una alarma, así pues, la atribución de competencias está clara. Ni funcionarios, ni bomberos: el mando correspondería a la alcaldesa, Dolores García, que debe adoptar «as medidas necesarias para afrontala». En tanto la situación afecte a un único concello, y los medios de los que éste disponga sean suficientes para atenderla, el 112 se limitará a hacer un seguimiento y evaluar el suceso. Si el asunto va más allá, la Axencia Galega de Emerxencias «mobilizará os medios necesarios».

Parece lógico, por lo tanto, que el servicio municipal, esto es, Protección Civil, sea el que primero acuda ante cualquier emergencia para, de inmediato, cursar aviso a los bomberos si su intervención es precisa. Para que este esquema no genere rencillas ni suplantaciones mutuas, necesariamente el técnico municipal de Protección Civil, Francisco Javier Guillán Busto , y el jefe de los bomberos, David Padín , han de colaborar sin navajazos. Y conseguirlo es tarea de la alcaldía, que tiene que imponer su autoridad. El resto -la orientación política, la profesionalidad o los fallos respectivos- pueden servir para discutir sin fin. Pero esto es lo que hay. Who'll stop the rain , se preguntaban los Creedence.