La agrupación mejillonera Opmega ha decidido modificar el sistema de enfriamiento del mejillón que va a fábrica para continuar vendiendo el producto a la conservera Garavilla. Este cambio inicial ha abierto una brecha más en el seno de la agrupación. Algunos de los asociados no ven con buenos ojos la nueva decisión de la central ya que consideran que esto perjudicará a los productores. El coste del mejillón que vaya a industria verá reducido su precio.
Representantes del sector creen que detrás de esta decisión se encuentra una imposición de la conservera para continuar el negocio entre ambos. Al parecer esta petición ya se había producido en otras ocasiones sin que la central cambiase sus planes. Sin embargo, en esta ocasión y tras la asamblea de Opmega el pasado lunes, la dirección de la central decidió modificar el sistema de enfriamiento del mejillón en puerto. Desde algunas de las agrupaciones, consideran que esta es una decisión que no se consultó con todos los socios y que perjudicará a gran parte del sector.
A pesar de no estar de acuerdo con la decisión tomada, tuvieron que acatar la nueva normativa, sino la otra solución es abandonar la formación, explicaba uno de ellos. Además, achacan a la dirección de Opmega que cada vez tienen menos capacidad de decidir. Representantes de conserveras arousanas indicaron ayer que si una empresa toma esta decisión, el resto tendrán que subirse al mismo carro. Aseguraban que no son decisiones que se puedan tomar de manera unilateral.
Dudas en la decisión
Si Opmega ofrece esto para conservar las ventas en Garavilla, obligará al resto de asociaciones mejilloneras a hacer lo mismo para no quedarse fuera de la rueda, explicaba ayer uno de los representantes del sector. Por otras parte, desde la dirección de Opmega no han querido hacer declaraciones sobre esta nueva situación que recalcaban «es algo normal». Asimismo, no explicaron los motivos de este cambio y aseguraron que en la asamblea donde se decidió, no se había tratado ningún tema de vital importancia. Recordaron que cualquier cambio sobre el enfriamiento del producto no afectará al precio del mejillón ni perjudicará a los asociados de Opmega.
Pero lo cierto es que las primeras reacciones ya se notaron ayer entre algunos de los socios de la central que al llegar a puerto tuvieron que pasar controles diferentes a los que se exigían días antes, según han explicado algunos de los representantes de los mejilloneros. Otros, sin embargo, mantienen que la decisión tomada por Opmega no dificultará los costes.