La organización asegura que unas treinta mil personas acudieron a la cita
17 ago 2007 . Actualizado a las 02:00 h.Vilagarcía | Ayer se vivió uno de los días más inolvidables en la localidad de Vilagarcía. Los arousanos disfrutaron de una jornada pasada por agua cumpliendo con una cita que, desde los 80, se lleva celebrando en la localidad. Desde las doce de la mañana, personal de Protección Civil realizó un servicio a favor de los más marchosos de la ciudad. La frase ¡Auga, auga! era la más repetida, pero hubo quienes se quejaron: «¡No llega!», decían los impacientes que pedían ser empapados.
La mañana discurrió llena de globos de agua, cubos de fregona y barreños que tenían por objetivo remojar a la masa descomunal que allí se situaba con un manguerazo. Lo más intenso corrió a cargo de los vecinos que, a base de cubos y calderos, mantuvieron a la afición de la fiesta firme hasta que el santo llegó a la capilla y se desató la euforia juvenil vilagarciana. Eran las doce del mediodía cuando sonó el timbrazo que reconocía que la fiesta había dado su comienzo. Las diez mangueras de Protección Civil tronaron para dar el pistoletazo de salida. En un principio, la plaza de Galicia no tuvo gran afluencia de gente, pero fue pasar las doce del mediodía para confirmar que todos los visitantes de la localidad habían conseguido no dormir en todo el día. Resulta que la fiesta de San Roque cada año acuña más adeptos y goza de halagos procedentes de los más dispares puntos del país.
Durante la mojadura pudieron verse todas las cuadrillas que este año decidieron participar, como la peña Percebes, un grupo de jóvenes dedicados a la comunicación audiovisual que no dudaron en aguantar toda la noche sin dormir para desayunarse unos cuantos litros de agua dulce.
A Baldosa no pudo hacer oídos sordos de la fiesta, pues como todos los años, se bañó entre aguas, cervezas y vinos que hicieron las delicias de lo más festeiros, que recogían con cubos de fregona de sus casas el agua del suelo, para echarla sobre las cabezas de los vilagarcianos.
Las nubes fueron invadiendo la mañana y los asistentes abandonaron la plaza de Galicia. Sólo los que más aguantaron el frío pudieron subirse a los camiones cisterna que había dipuesto el Concello. Tras dos horas de incesante lluvia artificial de agua, Vilagarcía saturó sus alcantarillas y la fiesta hubo que ser trasladada al mítico bar de Moe's. Esta diminuta calle, llamada por muchos el Afterhour, sirvió de pasarela de bellezas y marchosos que se resignaban a irse a descansar en sus preciados colchones.
Bien entrada la tarde, la alegría y el ánimo disminuyeron hasta tal punto que los asistentes decidieron aprovechar las magníficas vistas y reseñas históricas que conserva la comarca de O Salnés. Un año más, la Festa da Auga no ha dado problemas y ha invertido en emoción, amistad, devoción y compañerismo como, si de una auténtica peregrinación a Santiago de Compostela se tratase.
Por último, quien no se quedó a gusto en la zona húmeda con el chapuzón matinal, decidió ir al puerto a pegarse el último baño. No hubo quejas sobre la temperatura, el que más y el que menos, ya tenía el cuerpo a tono para acercarse al muelle y tirarse sin pensárselo mucho al puerto deportivo de Vilagarcía. Las camisetas fueron las que acapararon toda la atención, desde recuerdos de la pasada edición hasta las referentes a diversos puntos de la grografía española que acudió a la fiesta.