El error de buscar un candidato independiente

La Voz

AROUSA

No hay cosa peor en este mundo que quedarse a medias. A la hora de abordar el relevo de Javier Gago en la alcaldía de Vilagarcía, el PSOE tenía ante sí dos fórmulas posibles. La primera, inspirada en lo que Sarkozy acaba de hacer en Francia, defendía una ruptura de amarras con el pasado y la potenciación de una imagen de reconstrucción del poder desde el propio poder. La segunda se articulaba en torno a la continuidad de cuantos miembros del equipo de Gago fuese posible. Renovación, sí, pero gradual y con gente experimentada ya en tales lides, con el legado de 16 años de gestión como piedra de toque. Al final, los socialistas no han hecho ni lo uno ni lo otro, y esta falta de definición probablemente les haya pasado la correspondiente factura. Si a esta encrucijada se le añade el affaire León como ingrediente explosivo y mal gestionado se comprenderá que tirios y troyanos aguarden con expectación inusitada la asamblea que el puño y la rosa celebrará el viernes. En lo ocurrido con el ex alcalde existe una responsabilidad de partido, personalizada en sus dirigentes pero extensible a la militancia, y una responsabilidad individual del propio candidato. En el debe del aparato del PSOE está el no haber marcado un criterio inflexible en cuanto a la situación administrativa del candidato. El PSdeG confió en Enrique León y en su famoso informe de la Dirección General de la Policía Nacional, y a León le perdió el exceso de confianza en un dictamen que se ha desvelado completamente trasnochado y dice muy poco en favor de quien lo ha redactado. Al ex comisario lo fueron a llamar a casa para afrontar la sucesión de Gago, a la que la cúpula socialista asistía preocupada, sin encontrar soluciones en la cantera propia. A la postre, éste fue el mayor error de Modesto Pose y la ejecutiva que lidera Lino Mouriño . No el haber recurrido a León Calviño en particular. El problema atañe al vicio de echar mano de figuras ajenas no ya a una militancia determinada, sino al mundo de la política en general, para vestir las candidaturas. León aceptó el reto con gusto, pero no llegó a interiorizar en toda su profundidad lo que este empeño implica y exige de quien lo asume. De ahí su resistencia a lo inevitable cuando la junta electoral confirma que era inelegible. León no entendió que la respuesta de la JEC socava el pilar mismo de su legitimidad como piloto de una institución que gestiona los intereses públicos de 40.000 personas. Ningún partido en su sano juicio puede arriesgar tanto por muy claras que vea sus razones jurídicas. La simple perspectiva de perder un contencioso de semejante magnitud es devastadora. No se trata de un problema jurídico particular, susceptible de pelea legal hasta el fin, sino de la estabilidad colectiva. Y aquí es donde entra la responsabilidad personal del ex regidor. Convencido de dar un paso correcto, León presenta sus credenciales como candidato y firma una declaración en la que jura no encontrarse en situación que pueda ser causa de inelegibilidad. Esto no es algo que prometa el PSOE en nombre de su gente, sino una garantía que compromete a título particular a cada aspirante a concejal. Es, pues, un error individual del que debe responder quien lo comete. León lo hace al presentar su trompicada renuncia. Pero lo del partido no es tan sencillo. En verdad, el idilio entre León y el PSOE se había roto antes de la pregunta del PP acerca de su condición profesional. Duró tanto como la campaña electoral. Una vez más se demuestra que no se regenera el vapuleado crédito de los partidos políticos buscando fichajes independientes en otras esferas de lo social, sino promoviendo el movimiento exactamente inverso. No debe ir la sociedad al partido, sino el partido abrirse a la sociedad, explicarse con sinceridad, no de boquilla. Abrir ventanas y conseguir que afiliarse a unas siglas no sea sinónimo en la calle de abrazar una especie de secta de intereses poco claros, sino lo que alguna vez significó: una forma loable de compromiso con la construcción del futuro colectivo desde una perspectiva ideológica determinada. Lo contrario sólo fomentará la consolidación de castas con carné, especializadas en reproducirse en unas instituciones cada vez más alejadas de la realidad y las necesidades de quienes dicen representar. ¿Y la responsabilidad del conjunto de la militancia socialista? ¿Qué decir del afiliado que acude a las asambleas con la escopeta teóricamente cargada para aplaudir al final cuanto que le ponen delante? Las excepciones son contadísimas. Si hay ganas de cambio, exigencia de explicaciones y necesidad de alternativas a la actual dirección, el momento de ponerlo sobre la mesa llegará el próximo viernes. Al fin y al cabo, León fue candidato con el respaldo mayoritario de la asamblea local, órgano soberano se quiera o no. En decisiones de esta magnitud, no basta con votar sí o no, es imprescindible exponer y debatir claramente las causas de descontento y discrepancia. Ahora, la familia socialista ha encontrado un inesperado respiro en Dolores García Giménez , que genera sensaciones positivas desde su estrenada alcaldía. En las manos de su grupo, pero también en las de BNG e IU está el evitar un cambio de ciclo en Vilagarcía. Porque si alguien tenía alguna duda, puede despejarla: el PP de Fole es un serio aspirante al gobierno municipal en el 2011.