ENTRE LÍNEAS | O |
07 jun 2007 . Actualizado a las 07:00 h.LA POLÍTICA nació de la ideología. Los hombres quisieron convertir sus ideas, sus convicciones, en proyectos para la comunidad. Y así surgieron los partidos políticos y la democracia tal y como la entendemos en los países occidentales. En España, la Guerra Civil y la era negra del franquismo condenaron la ideología al olvido. «Haga como yo y no se meta en política», decía Franco. Y así hemos llegado a la esquizofrenia de que cada vez más políticos renieguen de la política y aseguren que a ellos no les interesan las ideologías. Telmo Martín, candidato del PP en Pontevedra, llegó a decir que él, por ideología, no estaría en política. ¿Entonces por qué estará? La política, hasta la local, no es el arte de poner farolas, bancos o hacer carreteras. Es mucho más. La tan mentada gestión está sobrevalorada. Un gobierno debe distinguirse de otro por su ideología. Por su proyecto de pueblo. La ideología debe impregnar la forma de enfocar el urbanismo, la educación, la sanidad y los servicios sociales. Si todos son iguales, mejor que contraten a un gerente y nos ahorramos una pasta.