ENTRE LÍNEAS | O |

16 may 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

PARECE que no ha pasado el tiempo, pero hace ya casi quince años que entré por primera vez en la cafetería Isolino de O Grove. En la calle Castelao, o Katorse , que es como la llaman los mecos más auténticos. Ayer volví a estar con él y me vinieron a la memoria mis buenos tiempos de periodista becario. Porque servidor aprendió el oficio en O Grove y por eso tengo una mitad del corazón que es y será siempre meca. La verdad es que por Isolino los años han pasado menos que por mi cabeza, que se ha ido despoblando y llenando de canas. Por donde no han pasado en absoluto es por su local, que sigue lleno día y noche y que sigue siendo un centro de reunión y tertulia donde se hacen y se deshacen muchos asuntos de la política local. Isolino es un tipo excepcional. Uno de esos hombres trabajadores, hechos a sí mismos y que irradian cordialidad, educación y dulzura. En su barra pasé muchas horas de mi juventud y sobre sus mesas tengo chupadas muchas entrevistas y ruedas de prensa. Le debía estas líneas a quien me enseñó tanto de O Grove.