ENTRE LÍNEAS | O |
15 may 2007 . Actualizado a las 07:00 h.VOLVÍA de la plaza de abastos de un acto electoral y fui testigo de una de esas cosas que me dejan perplejo. De camino a la redacción, al paso rápido que exigen estos días de campaña repletos de exceso de trabajo, oí algo que me ha dejado pensando todo el día. Fue un momento, un segundito, el suspiro de tiempo que transcurrió cuando pasé junto a dos señoras de mediana edad. Una le dijo a la otra: «Sí, sí, es que este año viene un montón de pedrería». Hablaban de moda. Y yo me pregunto, ¿de dónde viene la pedrería? ¿Es ella la que viene sola o alguien que la trae? ¿Viene pedrería para todo? De ser así, ¿habrá zapatillas de deporte con pedrería, camisas con pedrería, americanas con pedrería? Espero que no. Los niños vienen de París ¿y la moda? Será de Milán, o de Madrid o yo que sé. La moda es algo terrible. Es uniformadora, idiotizante e imperialista. Yo por mi parte intento ir siempre en contra de la moda y cuando algo que me gusta se pone de moda dejo de usarlo inmediatamente. La realidad es que la moda es un instrumento del consumismo. Y yo paso.