En directo | Una tarde en la controvertida subasta de la lonja de O Grove Ya no es precisa la presencia de la Guardia Civil, pero la tensión es palpable. La cofradía se ha ganado al público y su punto de venta directo es un éxito. Las «peixeiras» se niegan a resignarse
03 may 2007 . Actualizado a las 07:00 h.Al contrario de lo que ocurre en el resto de las cofradías, en la de O Grove siempre ha habido dos subastas: la que realiza directamente el pósito y la particular de Ramón Álvarez. Una fórmula inusual que convivió bien hasta enero, cuando la cofradía decidió abrir un sistema de venta que permite a los particulares comprar directamente en lonja. Ahora, decantarse por el lote de lenguado de un lado o de otro -ambas vendedurías están separadas por centímetros- se interpreta como una toma de postura hacia el conflicto que enfrenta a la cofradía y las peixeiras desde hace meses. A las cinco comienza la subasta. En un lado empieza Milo cantando los precios de salida de los centollos; del otro, Santos y Miguel hacen lo propio. Los primeros lotes se cotizaron a 25 y 28 euros respectivamente. Siguió el percebe, el chopo y el pescado. Una partida de rodaballo se pagó a 19 euros y otra de maragota, a 2,40. Ayer había variedad, pero menos cantidad que otras tardes. Con tres meses de conflicto a cuestas, las cosas se han asentado. Las peixeiras no han logrado impedir que la cofradía llevara a cabo sus planes, a pesar del empeño puesto en ello, de modo que ven impotentes como quienes podían ser sus clientes en la plaza de abastos al día siguiente se llevan las fanecas a mitad de precio. La semana pasada acudieron a Santiago para trasladar su queja a varios diputados, pero de momento sólo les queda quejarse a quien quiera escucharlas de la «competencia desleal» que les está haciendo la cofradía. «Non poden vender máis de tres kilos por persoa e, na práctica, venden o que queren. Hai xente que ven a comprar para a familia e ata para revender despois. ¿Onde está Facenda, cando vai alguén a parar isto?», se lamentaba una de ellas. Desde la cofradía insisten en que actúan al amparo de la ley y sobre lo que el comprador haga con el pescado, es una cuestión en la que no pueden intervenir. El caso es que su subasta tiene cada vez más aceptación. Los compradores -empresarios y amas de casa- encuentran allí tanta o mejor oferta como en la vendeduría de al lado, y generalmente a mejor precio. Gana el consumidor y ganan los marineros que, según sostienen desde el pósito, están consiguiendo que les paguen más. ¿Quién pierde?, el intermediario. Las peixeiras afirman que cada vez venden menos y el caso del mayorista vigués Jorge Álvarez es paradigmático. «Yo compraba el 80% del choco de la lonja y ahora lo venden ellos directamente en Vigo», se lamentaba ayer. Atrás quedaron las protestas en la calle y las intervenciones de la Guardia Civil, pero la tensión se masca en el ambiente. La secretaria de la cofradía, Kati Montesinos, tuvo ayer que oír la airada protesta de una compradora acusándola de apartar los mejores centollos sin pasarlos por subasta. «Esto é unha vergonza», gritaba. Kati dice que ya está acostumbrada. A tres metros, Blanca, la portavoz de las peixeiras , no perdía detalle de cada movimiento. Las espadas siguen en alto y, mientras, los consumidores se llevan a la mesa el pescado más fresco y a precios imposibles en la plaza o en el supermercado.