ENTRE LÍNEAS | O |

25 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

HACE poco oí al presidente Zapatero vanagloriarse de que en pocos años España tendrá la red de alta velocidad ferroviaria más extensa de Europa. No sé si es verdad, pero me da lo mismo. Y me importa menos en días como hoy, cuando un accidente de tren se ha llevado por delante la vida de tres personas. Me pregunto de qué nos sirven los récords de velocidad si este progreso tiene que convivir aún durante muchos años con una línea férrea más propia del siglo XIX que del XXI. En Valga hay catorce pasos a nivel. Catorce puntos de peligro. La versión oficial es que la culpa del accidente fue del conductor, pero yo no me la creo. Si se saltó las barreras ¿por qué no estaban rotas? Tiene sentido lo que dicen los vecinos que transitan por ese paso a nivel a diario. Es más creíble que las barreras no funcionaran. Lo que sucede es que, de ser verdad esta teoría, al dolor del suceso habría que añadirle la rabia, la indignación de saber que, como dice el alcalde de Valga, estas tres personas murieron por falta de dinero. El que era necesario para hacer segura una línea de alto riesgo.