ENTRE LÍNEAS | O |
17 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.«YO LO QUE quiero es quitarme algo de aquí», dice una chica en el gimnasio señalando a su barriga. Luce el sol, se atisba el verano y Fontecarmoa se llena de gente deseosa de perder kilos y ponerse en forma. La joven se lo curra en su primer día: bici estática, carrera continua en la cinta -bueno, más bien paseo- y luego piscina. La primera jornada acaba en el jacuzzi y en el banco caliente de la zona spa. Quiere saberlo todo y pregunta para qué sirve esta ducha o cuántos días hay que venir para empezar a notar los resultados. Ha empezado la guerra contra las barrigas, pero lo que no saben esta joven ni su amiga es que en el gimnasio, como en la serie Fama , el éxito cuesta, y hay que pagarlo con sudor. Con mucho sudor. Otra mala noticia: no llega con montar en bici, correr y nadar. También hay que dejar de ponerse hasta las cejas de las ricas carnes rojas, esas deliciosas fritangas y pasarse a la pasta, el pescadito y el arroz. Pasarán los días y el gimnasio de Fontecarmoa se vaciará. Porque en la guerra contra las barrigas suelen ganar ellas. Las panzas.