«Todo el mundo se hace preguntas»

Bea Costa
Bea Costa VILAGARCÍA

AROUSA

VÍTOR MEJUTO

Entrevista | Jesús Merino Palacio El invento es de Marc Sautet y surgió en París. Catorce años después llega a Vilagarcía de la mano de Merino, con el único afán de invitar a reflexionar

16 ene 2007 . Actualizado a las 06:00 h.

?ste viernes (22.00 horas) se celebra el tercer café filosófico en el Como en casa de Vilagarcía. Una iniciativa única en Galicia que rompe moldes, sin estridencias. -¿Por qué llega esta idea a Vilagarcía? -Yo formo parte de una asociación de profesores que nos interesamos por un filósofo americano que se llama Lipman, que desarrolló un programa que se llama filosofía para niños con el que se pretende ayudar a desarrollar unas personas razonables. Y en estas cosas vas conociendo a gente y una de las experiencias que conocimos fue la de los cafés filosóficos. -¿La filosofía entra mejor con un café que con un libro de texto? -El propósito no es dar una clase de filosofía disfrazada de otra cosa. Es simplemente mantener una charla, no de cualquier manera, si no eligiendo un tema a partir del cual se va a discutir, aportando razones y poniendo ejemplos y contraejemplos. Más que enseñar filosofía como si fuera una clase se trata de hacer una discusión filosófica, que tampoco es tan complicado. -El caso es que se suele identificar la filosofía con una cuestión sesuda y compleja. -Hombre, hay una dimensión académica de la filosofía que es una cosa sesuda y abstrusa y a veces ininteligible, pero originariamente la filosofía nació en la calle. La gente discutía en los soportales. -Vamos, que a una persona como yo, a quien se le atragantaron Descartes y Kant en COU, el café filosófico puede resultar hasta atractivo. -Claro, no se trata de dar una clase de filosofía camuflada. El grupo decide de que se quiere hablar, y se habla. -¿Y de qué hablan? -El primer día hablamos de la nación, de si Galicia era nación... -Cuestión complicada (risas). -Sí, sí. El segundo día hablamos de qué era importante. -¿A qué conclusión llegaron si llegaron a alguna? -Pues no a muchas. Tampoco es el propósito sacar alguna conclusión, es una disculpa para reflexionar. -¿Cuál es el tema del viernes? -Si tiene sentido pensar y profundizar en las cosas o si no es mejor vivir en una especie de ignorancia agradable. -¿Con qué se queda usted, lucidez o ignorancia? -Habría que preguntarse mejor para qué. Pero creo que no se debe renunciar a saber. La propia existencia de estos cafés es una apuesta por no vivir en la ignorancia y preguntarse por qué y para qué. Y además en estos tiempos hace falta mucho esto. -¿Hay carencias en este terreno? -En general sí, y creo que hay demanda por encontrar foros donde poder pensar con otras personas. -Quizás las referencias que nos llegan sean muy académicas y por eso seguimos viendo a los filósofos como tipos raros. -Sí, sí. En general todo lo que sea académico suele acabar siendo bastante abominable, que es una de las grandes desgracias que pasa ahora. Todo el mundo quiere que la escuela afronte cosas, que si la educación vial, la educación para la salud..., pero en cuanto conviertes las cosas en asignatura se fastidia. -¿Se enseña bien la filosofía en los institutos? -Yo creo que no muy bien, pero, probablemente, por causa de los programas y la consideración excesivamente académica de la cuestión. No se fomenta el experimentar, lo que supone hacer filosofía. Es complicado, pero no por eso hay que dejar de intentarlo. -Habla de hacer filosofía ¿eso se aprende o surge espontáneamente? -Creo que a todo el mundo le sale espontáneamente preguntarse cosas, pero tampoco sin mitificar, porque esto no es patrimonio exclusivo de la filosofía. Pero sí que la filosofía, después de muchos siglos de funcionamiento, aporta unas herramientas e instrumentos de análisis que ayudan a desarrollar la capacidad de preguntarse cosas y razonar. Todo el mundo se hace preguntas. -¿Qué tipo de persona acude a estos cafés? -Hay un poco de todo. El primer día fueron tres señoras y un padre con una niña. -El estereotipo de filósofo de barba y sandalias, como usted, ¿se cae? -Pues eso me gustaría pensar.