La cosa política
16 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.?ntraría dentro de lo esperable que los militantes del BNG no llegasen a votar las dos listas que finalmente se disputarán el consello comarcal de O Salnés. Sería probable que, en los prolegómenos de la cita del próximo martes en Vilagarcía, la linea oficial que encarnan la UPG y Duarte Correa , y el Encontro Irmandiño con Xosé Manuel Domínguez y Ramón Mouriño a la cabeza, pactasen un equipo que integrase a representantes de ambas corrientes sin necesidad de llegar al pulso directo de los sufragios. Pero existen factores que distorsionan este panorama previsible y hacen muy difícil pronosticar qué va a suceder en las próximas 48 horas en el seno de la formación nacionalista. Todo indica que la principal variable de la ecuación reside en los propios miembros de Encontro, movimiento que parece navegar entre las ganas de conformar una dirección comarcal realmente compartida y el impulso de romper amarras y llevar la pugna interna a sus últimas consecuencias. Lo que sí está claro es la posición de la UPG y su círculo de influencia. Los integrantes del denominado sector oficial apostaban el viernes por la consecución de una sola lista. Los teléfonos echaron humo durante todo el día -el plazo para la formalización de candidaturas finalizaba a las ocho y media de la tarde- y en un momento dado el acuerdo llegó a estar encima de la mesa. Sin embargo, cuando todo se encaminaba hacia este objetivo, Encontro se echó atrás. Si en un instante hay una apuesta que parece firme, y a continuación ésta se rompe, parece lógico concluir que en el colectivo que da un paso adelante y otro hacia atrás conviven distintas concepciones acerca de lo que debe hacerse. Si esto es así, no cabe duda de que en la corriente alternativa triunfaron las tesis más rupturistas. Una apreciación que se refuerza al valorar cuál fue el elemento que desencadenó el fin de las negociaciones: con el puchero cocinado, alguien optó por añadir un puñado de pimienta definitivo y cuestionó que la UPG accediese de nuevo, en la figura de Duarte Correa, al cargo de máxima responsabilidad comarcal, tal y como figuraba en la propuesta que se estaba ultimando. Las filas oficialistas consideraron que, con esta vuelta de tuerca, las cosas se habían llevado lejos de toda perspectiva de consenso y el pacto naufragó en un suspiro. Factor de corrección ¿Se repetirá el pulso a la hora de conformar el próximo consello comarcal? En la asamblea de Santiago, después de conocer los resultados de las votaciones para el consello nacional, Xosé Manuel Beiras era partidario de presentar sus propias credenciales para la ejecutiva del BNG, obviando la oferta que le ponía delante Anxo Quintana. Entonces, fueron sus socios de circunstancias, la Alternativa de Camilo Nogueira y Alberte Rodríguez Feixóo, quienes frenaron al ex portavoz nacional e impusieron una racionalidad menos impetuosa. Habrá que ver si en O Salnés existe o no ese factor corrector. Por ahora, a la vista está, no ha funcionado. Y ello puede responder a dos escenarios compatibles. Por una parte, una estrategia de desgaste que se traslada a las asambleas comarcales después del éxito cosechado en Compostela. Por otra, un sentimiento de fortaleza generalizado entre la gente de Encontro Irmandiño, que les llevaría a cuestionar sin ambages el papel que el Bloque está desempeñando. Existe, sin embargo, una lectura sobre lo acontecido en Santiago que, bien meditada, contribuiría a relativizar los encendidos estados de ánimo derivados de aquel cónclave. En realidad, sumando los porcentajes de voto obtenidos por Encontro Irmandiño (17%) y Alternativa (11,6%), el nivel de discrepancia abierta en el BNG se situaría en torno a un 28,6%. Es decir, más o menos el mismo respaldo que, sin el recurso a los grandes oradores, obtuvieron hace tres años los no adscritos, hoy diluidos, de Roberto Mera, cuando se quedaron a las puertas de la ejecutiva. ¿Dónde está, entonces, la diferencia? La respuesta remite, paradójicamente, a la propia UPG. A la postre, fue el 9% obtenido por Fermín Paz y Movemento pola Base -constituido, al fin y al cabo, por miembros de la CIG y antiguos integrantes de la UPG- el que inclinó la balanza. Las tensiones internas del partido dominante en el Bloque fueron determinantes a la hora de destapar el tarro de las esencias. La posición de Vilagarcía Todo este proceso, lleno de matices, puede concluir el martes con un resultado satisfactorio y dinamizador para un BNG necesitado, como organización, de estrategias de mayor penetración y visibilidad en la vida social de la comarca, más allá de su representación institucional. Habrá perdido, sin embargo, una oportunidad importante con la vista puesta en las trascendentales elecciones de mayo: la implicación definitiva de Xosé Castro Ratón al frente de la candidatura de Vilagarcía, la primera plaza de O Salnés. El portavoz vilagarciano, no alineado con ninguna de las dos corrientes, podría haber funcionado como bisagra de ese equipo único, esa imagen de unidad, que falló. Es probable que él mismo hubiese formado parte de ese consello comarcal e incluso accedido al consello nacional, escenificando así un nuevo peso para la capital arousana a un paso de que la propia Diputación se ponga en juego. Con las dos listas, la idea se ha esfumado. Los contadores, otra vez a cero.