ENTRE LÍNEAS | O |
13 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.ESTA semana ha sido la de las ensaimadas. El lunes di buena cuenta de una que me trajeron unos amigos de Mallorca. Era de esas de horno, caseritas, no de las típicas que se compran en el aeropuerto para quedar bien. La otra la vi en la cabeza de otro amigo. Su pelo, fino y seco, es de esos que dicen las peluqueras que están más afectados por el extraño fenómeno que vivimos en Vilagarcía con el agua de la traída. Ya ven todo el verano a vueltas con que si el agua era potable o no y ahora que sabemos que nos la podemos beber resulta que para lo que no vale es para lavarse la cabeza con ella. Como lo oyen. Mi amigo, desesperado, tuvo que correr a la peluquería para que le lavaran la cabeza con champús especiales. Y es que con la pinta que tenía no podía ni presentarse en el trabajo sin exponerse a un despido fulminante. Extraño y curioso lo del agua vilagarciana. ¿O no? Pero no son imaginaciones de unos pocos, son cientos las personas que tienen el mismo problema. Eso sí, nadie nos da una explicación oficial. Ni que fuera un expediente X. xurxo.melchor@lavoz.es