AREOSO | O |
13 dic 2006 . Actualizado a las 06:00 h.AL FINAL lo han conseguido: estoy alarmada. Parecía que ya era suficiente con estar mirando al cielo todos los días y acordarme de cuando no hace tantos meses mi madre veía en la televisión las inundaciones en Cataluña, la ola de calor en Andalucía y los huracanes al otro lado del Atlántico y decía: «!Qué bien y qué tranquilos vivimos aquí, en Galicia!». Y como si de un castigo divino se tratara, el mundo dio un vuelco y nos cayó la sequía, y con ella la plaga de incendios y el miedo real a quedarse atrapado en medio del fuego en una corredoira, y luego nuestras aguas contamimadas por el vertido de la fábrica de Caldas, y después las lluvias y los lodos en las playas, y más tarde las inundaciones, y ahora la ola de frío... No, no llegaba con mirar al cielo todos los días y rezar, que una aún estaba algo tranquila por aquello de que las fuerzas del orden estaban ahí, trabajando, protegiéndonos. Que hubo un señor que casi se ahoga en un ascensor pero al que Protección Civil rescató a tiempo y le salvó la vida, y un joven que iba a ver a su novia en Vilanova y no se lo llevó el río porque allí estaba la policía local para evitarlo. Pero ahora resulta que, según denunciaron los bomberos, el dispositivo funcionó de casualidad, porque en realidad nadie se coordinó con nadie, y al parecer, el Concello de Vilagarcía sólo cuenta con Protección Civil ya que siguen cabreados porque la sede central del consorcio no está en la ciudad. Y algo debe de haber de cierto, porque cuando lo niegan desde Ravella es para acusar al consorcio de no haberse molestado siquiera por saber si pasaba algo en Vilagarcía. Y por eso sigo mirando el cielo preocupada por las próximas catástrofes que nos puedan caer encima, pero además estoy alarmada, porque ahora ya sé que si me pasa algo y alguien me rescata es, simplemente, porque aún no me había llegado la hora.