CON GOTAS
01 nov 2006 . Actualizado a las 06:00 h.CREO que fue Castelao quien cantó el absurdo de los muros de los cementerios, inútiles puesto que los de fuera no quieren entrar y los de dentro no pueden salir. Con o sin murete, la relación de los gallegos con los camposantos se cimenta sobre bases sólidas y antiguas. En su obra Brujos y astrólogos de la inquisición de Galicia, Bernardo Barreiro relata los banquetes que los habitantes de estas tierras se metían entre pecho y espalda aprovechando la celebración de Difuntos. Mientras el populacho meneaba el bigote en el atrio de la iglesia, los principales de la parroquia utilizaban el altar como mesa. De esto hace siglos, claro. Hoy nos quedan, como abstracción, los famosos osos de santo que durante estos días pueblan las pastelerías. Fiel demostración de que, por estos pagos, ni la parca es capaz de esquilmar el apetito del personal.