¿Qué sucede en la Cámara?

La Voz

AROUSA

La cosa política

28 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

?uando el pasado día 11 Fexdega inauguraba la edición de este año de la feria multisectorial, aquel evento pionero de los años sesenta que hoy busca un sentido, una ausencia marcó distancias con respecto al pasado reciente. Por primera vez en los últimos tiempos, Amado Cascallar no estaba presente en la cita. Vaya por delante que el histórico representante del pequeño comercio vilagarciano tenía compromisos profesionales lejos de la capital arousana. Ésta, asegura su círculo cercano, es la única explicación. No obstante, tal vacío movió a más de uno a preguntarse si en la Cámara de Comercio de Vilagarcía todo está en su sitio o si, por el contrario, una marejada se ha instalado, de puertas adentro, en el organismo empresarial. En realidad, Cascallar sí está disgustado. El anuncio de la presentación de sus credenciales para optar al puesto de gerente de Fexdega ha dejado en él un poso amargo. Dicen, quienes le tratan, que el vicepresidente de Zona Aberta se siente hasta cierto punto maltratado. No por no haber pasado la criba en sí -la próxima semana, la fundación debería abordar sin más demora la elección definitiva entre los tres expedientes que continúan en la carrera por el cargo-, algo que daba por hecho, sino por los duros comentarios que su decisión generó en determinados círculos. Cierto es que, desde el principio, él mismo asumió que su designación era tarea casi imposible. Si finalmente daba el paso al frente, aseguraba Amado ya en verano, sería como una forma de tantear el terreno. En cualquier caso, antes de que el comité ejecutivo de Fexdega iniciase el estudio de las candidaturas, el entonces aspirante solicitó un voto de respaldo al pleno de la Cámara, del que forma parte, desempeñando además su portavocía. Sus compañeros se lo concedieron sin discusión. Se trataba de un hecho significativo, pero fundamentalmente simbólico, ya que, al fin y al cabo, la responsabilidad sobre la elección del gerente recae en los cuatro miembros de la ejecutiva de la fundación: Ana María Rúa, la directora xeral de Comercio e Consumo, que la preside; el presidente cameral, Carlos Oubiñ a; el concejal Roberto Araújo , como representante del Concello; y Montserrat Prado , delegada de la Consellería de Innovación e Industria en Pontevedra. El paso de Carlos Oubiña A partir de ese momento comienzan a suceder cosas extrañas. Aunque pueda parecer sorprendente, ya que desde su acceso a la máxima representación cameral ambos han funcionado como un tándem bien avenido, la apuesta de Cascallar no debió de gustarle demasiado a Carlos Oubiña. Así, se atribuye al presidente de la Cámara de Comercio un movimiento tajante: él mismo habría buscado una forma para hacer saber al gobierno municipal -Ravella cuenta con el voto de Araújo en el comité de Fexdega- que la opción de Amado no podía prosperar. Lo dicho, sorpresa mayúscula en el Ayuntamiento. Sea como fuere, el hecho de que el portavoz de la Cámara fuese descartado en la primera criba, en la que se estableció la necesidad de una titulación universitaria -un requisito que, por cierto, los estatutos de la fundación no exigen- como filtro provocó inmediatamente un enorme malestar entre varios miembros del foro empresarial, que incluso manifestaron su intención de acudir a una protesta pública. Aunque finalmente ésta no llegó a producirse, las aguas bajan revueltas desde entonces. Como nada en este mundo es de un solo color, tampoco es ésta la única hipótesis que se baraja para explicar los más y los menos que rodean el ámbito cameral. Esta segunda versión niega rotundamente que exista problema alguno entre Amado Cascallar y Carlos Oubiña. Muy al contrario, apunta a un interés maquiavélico por empañar sus relaciones, o al menos la imagen de cooperación que hasta ahora ha funcionado entre los dos. En dos palabras, meter cizaña con el propósito de desactivar al pequeño comercio ante una virtual operación que podría llevarse a cabo en la finca de Ouro, junto al recinto ferial de Fexdega. La misma cuyo desarrollo urbanístico blando y respetuoso puso como condición el BNG de Xosé Castro Ratón a la hora de respaldar el proyecto Luz Salgada. A todo esto, corre entre los mentideros del ramo la especie de que la propiedad puede haber sido adquirida por un grupo empresarial a precios astronómicos. A vueltas con la ley El tiempo dará y quitará razones, y dirá si alguno de los dos planteamientos da en el clavo. Mientras tanto, la actualidad del comercio local pasa por la propuesta de ley que ha elaborado la Consellería de Industria, y que esta semana presentó en Vilagarcía la directora xeral, Ana Rúa. En una decisión que no tiene precedentes -de hecho, la regulación del comercio fue uno de los grandes dolores de cabeza con los que lidió durante sus largos años de gobierno un PP siempre proclive a las medidas liberalizadoras, horarios de apertura incluidos- Industria ha hecho suyas la mayoría de las medidas defendidas por el sector y los autónomos. Se reduce, por ejemplo, de 300 a 150 metros cuadrados la superficie máxima de los locales que pueden abrir cuando les plazca -golpe a los bazares chinos-; se establecen 72 horas de apertura semanales; se acotan las rebajas y los anuncios de ofertas; se crea un grupo de inspectores de comercio y se postula el primer censo gallego de comerciantes. El BNG toma la delantera con un sector que tradicionalmente vota hacia la diestra. Para tomar nota.