Saque las katiuskas

AROUSA

AREOSO | O |

17 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

HAY QUE comprárselas. No son santo de mi devoción, pero visto como se presenta el otoño-invierno, va a haber que incluir las katiuskas en el fondo de armario. No se trata de moda, aunque según parece es el último grito en las tendencias para esta temporada. Se trata de no mojarse. Porque la bota de piel y suela viste mucho y calienta el pie, pero, cuando se trata de andar entre charcas no hay nada como el plástico y la goma. ¿Pero por dónde anda esta mujer? se preguntarán. Pues por las calles de Vilagarcía, de Cambados y de O Grove, por ejemplo. Vamos, que hago una vida de lo más urbanita, pero el asfalto también es, en ciudad, zona de riesgo. Mis compañeros fotógrafos ya han incorporado a su maletero las botas -esas verdes que llegan a la rodilla y que se usan para mariscar- y que útiles les resultan cuando se trata de sacar la foto en un monte incendiado o a pie de Umia contaminado. Como lo mío es escribir, no me hace falta tanta logística, pero va a haber que empezar a planteárselo en previsión del próximo chaparrón. Los dos últimos me dejaron a remojo. Eran eso de las cuatro de la tarde y había dejado el coche aparcado en la explanada de Fexdega. El primer chubasco después del Gordon dejó el aparcamiento como una piscina y tuve que pedir auxilio a un conductor que pasaba por Rodrigo de Mendoza para que me cruzase en su coche hasta el mío, que había quedado aislado con el agua hasta el tapacubos. Aún así, como si estuviera en la ribeira cogiendo almejas, no pude evitar tener que remangarme el pantalón, descalzarme y mojarme hasta los tobillos para poder meter la llave en la puerta. El lunes también cayó una buena. Esta vez no me quité las botas pero tuve que andar entre las aguas, como Moisés. Lo que les digo. A falta de desagües, el único remedio va a ser calzar katiuskas.