¿Dónde están las carreras?

Jaime Velázquez PONTEVEDRA

AROUSA

CAPOTILLO

Crónica | En busca de competiciones clandestinas Haberlas hailas, como las meigas, pero desde luego no en ?O Campiño. La celebración de un rally avivó la posibilidad ?de una nueva concentración «tunning»... ¿Pero dónde fue?

23 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

La expedición se reúne en Pontevedra. Un redactor, un fotógrafo, una conductora y otra persona más de apoyo. Se reponen fuerzas a golpe de pinchos antes de comenzar la búsqueda. Hace dos semanas que no hay carreras clandestinas en Pontevedra; los centenares de coches que asistían cada viernes a las carreras del polígono de O Campiño desaparecieron. Se esfumaron. Los potentes automóviles preparados para la competición esperan agazapados en los garajes a que las aguas se calmen. La cita más multitudinaria de las carreras clandestinas fue en la noche previa a un rally. Y hoy hay rally; La subida a A Escusa, en el Monte Castrove. Quizá el viernes anterior a la competición los aficionados quitasen las lonas de sus coches y corrieran a reunirse para celebrar la cita deportiva. El C3 anti-tunnig en el que viaja la expedición de la Voz parte con destino a O Campiño. El tiempo, desde luego, no acompaña. La carretera está mojada por la lluvia; las condiciones atmosféricas no son las más adecuadas para tomar una rotonda a 90 kilómetros por hora. La subida al polígono pontevedrés está desierta. El bar Casa Manolo, donde se reúnen los jóvenes antes de acceder al improvisado circuito de carreras, cerrado. Quienes no faltaron a su particular cita de los viernes fue la policía. En la primera rotonda del polígono la luz amarilla de la Guardia Civil invita a los coches a detenerse a la derecha. El dispositivo conjunto de Guardia Civil y Policía Nacional permanece montado en O Campiño, igual que hace dos semanas. «Somos de prensa», dice la conductora. «Sois los primeros que aparecen por aquí. Hoy no ha venido nadie», contesta el policía. «¿Podemos hacer un trompo?». La broma consigue arrancar una sonrisa de los agentes. «¿Creéis que con la proximidad del rally pueda haber alguna concentración en A Escusa?» «Algún cafre habrá», responden. De polígono en polígono Los periodistas continúan con las preguntas. «Hemos oído que en el polígono de As Pías han empezado a aparecer marcas de derrapes en el pavimento. ¿Puede ser que se hayan traslado allí?». «Puede, puede -contesta escuetamente el agente-. También nosotros lo hemos oído». La comitiva emprende la búsqueda. Dirección: A Escusa. Nos cuentan que en el día previo a la carrera los aficionados emulan a los corredores realizando el circuito. Las condiciones meteorológicas son aún peores en la subida al Monte Castrove. A medio camino la niebla empieza a hacerse cada vez más espesa. Desde luego, hay que ser cafre para correr por una carretera de no más de cinco metros de ancho y curvas de 180 grados. El miedo comienza a cundir en la conductora y la desesperación entre el resto de los ocupantes del automóvil. De repente en el retrovisor aparecen dos luces que se acercan peligrosamente al maletero del C3. En el interior del coche de atrás, una luz roja ilumina tenuemente a los ocupantes. «Nos va a adelantar. Prepara la cámara». El fotógrafo hace los ajustes necesarios en la máquina de fotos, y en el momento en que la carretera se ensancha tan sólo un poco más, el deportivo de color azul se coloca delante y continúa la subida a gran velocidad. Imposible seguirle; tal y como apareció, se marchó. La expedición continúa el ascenso, camino de una explanada que se encuentra en lo alto del Monte Castrove. Desierta. A la vuelta, de nuevo entre la niebla el C3 se cruza con otro coche. Verde fluorescente y con grandes letras blancas.. LLeva el mismo camino del deportivo azul. Hay algo en algún lugar, por ahí; secreto como un aquelarre, con la discreción que hizo que nadie supiera de la existencia de multitudinarias competiciones clandestinas en el polígono de O Campiño. Automóviles que vuelan sobre el asfalto como las escobas de las brujas. ¿Existen las meigas? Seguro que sí, pero yo, desde luego, no las he visto.