Crónica | Conclusión del periplo del barco de la memoria en Vilagarcía PROGRAMA PARA UNA DESPEDIDA Sólo en Galicia funcionaron nueve puntos de reclusión de presos políticos. Es una historia que siempre interesó ocultar, y hay cuestiones que ni ahora mejoran
05 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.?evantar cuarenta años de instrumentalización, manipulación y ocultación, a los que siguieron tres décadas de democrático desinterés no es tarea fácil. Ayer, dentro del marco del barco de la memoria, dos auténticos especialistas en tirar de esa manta podrida que fue el franquismo explicaron en Vilagarcía parte de sus odiseas personales. Javier Rodrigo, profesor de la Universidad de Zaragoza, investiga desde hace diez años uno de los aspectos menos conocidos de la Guerra Civil y la represión a la que dio lugar: los campos de concentración de presos republicanos. Aunque se trata de una información que apenas ha trascendido a la arena pública, España mantiene dos o tres tristes récords. En su momento de mayor apogeo, el Alzamiento alimentó hasta 188 centros de este tipo, por los que circularon más de medio millón de internos entre 1936 y 1947. Todo ello convierte a la red franquista en la más importante, más poblada y más duradera organización de reclusiones de toda Europa. Además, añade Rodrigo, «de la más desconocida». Nueve de aquellos núcleos de muerte se ubicaron en Galicia, y uno de ellos en plena ría, en Rianxo. Para colmo de males, a ellos fueron a parar no pocas gentes que, procedentes de Bélgica, Holanda o Francia, trataban de escapar de la Europa ocupada por Hitler a través de un país teóricamente neutral. Normalmente, los fascistas españoles los entregaban a las autoridades nazis en Hendaya. Imaginar el futuro que les aguardaba, especialmente si eran judíos, no es difícil. En resumen, deportaciones indirectas. Santiago Macías es el cofundador de la Asociación por la recuperación de la memoria histórica, la organización que ha capitaneado la restitución moral, incluso física, de tantos y tantos hombres y mujeres olvidados en fosas comunes y cunetas con un tiro en la nuca. La primera exhumación realizada en Galicia se produjo en el 2003, en Ricosende, un lugar de Carballeda de Valdeorras. Allí se recuperó el cuerpo de un guerrillero andaluz, Miguel Cardeñas, que se echó al monte tras huir de uno de aquellos campos de internamiento. Desde entonces se han llevado a cabo cuatro intervenciones más, las tres últimas ya con el bipartito gestionando la Xunta. Macías reconoce que las diferencias con respecto al prolongado mandato de Manuel Fraga y el PPdeG se notan. «Para empezar, porque con Fraga ni siquiera se nos dio trámite a los estatutos de la asociación y se notaba una barrera de miedo», lamenta. Pero queda muchísimo por hacer en un país que Rodrigo contempla como uno de los «puntos negros de la historiografía» sobre aquel período. Ni en Galicia ni en España, los familiares que arrastran setenta años de un drama suspendido han recibido nada positivo, denuncian ambos historiadores, desde el ámbito político. «Las familias -razona Macías- aplauden los homenajes, pero lo que quieren es recuperar a sus familiares y para ello no se ha constituido ningún tipo de oficina de asesoramiento». El archivo militar de Ferrol concentra sumarios desde Galicia a La Rioja. El Gobierno vasco ha financiado un trabajo de digitalización de parte de aquel material sin que todavía a nadie en la Xunta se le haya ocurrido algo así. El proyecto de ley que maneja el Congreso no mejorará, sostienen Macías y Rodrigo, gran cosa.