El Gato Negro

| SERXIO GONZÁLEZ |

AROUSA

DOMINGO, mediodía. Más de un centenar de socios se agolpan en el pabellón del Gato Negro, en Carril, para escuchar las razones de Luis Rodríguez Cuervo y elegir a su nuevo presidente. En un momento dado, uno de ellos se levanta y toma la palabra. «O presidente trouxo un xogo novo de dominó -proclama el jefe- e ao día seguinte xa faltaban catro fichas». Esto, que parece una coña, es en realidad un síntoma transparente de la degradación en la que puede caer cualquier sociedad si quienes se benefician de ella no se la toman con un mínimo de seriedad y respeto. ¿Para qué demonios quiere nadie cuatro fichas de dominó, si no es para tocarle los bemoles al resto? Cada miembro del Gato Negro paga ¡siete euros mensuales!, poco más de tres cervezas, a cambio de unas instalaciones de bandera. Sentido, hombre.