En directo | Los conciertos
14 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.«Su voz es impresionante y muy natural. No es igual que un cedé». Ésta es una de las razones por las que Esperanza, más conocida como Hope, decidió enfundar su guitarra al hombro y acercarse desde Marín hasta Vilagarcía para ver el concierto de Efecto Mariposa. Esta quinceañera no durmió en la casa de ninguna de sus amigas, como le dijo a su madre. Hope tuvo que mentir a sus padres. En lugar de compartir secretos y confidencias con sus compañeras, hizo que sus sueños se hicieran realidad. A las ocho de la mañana salió de su vivienda y dos horas y media más tarde llegó a la capital arousana. En la estación preguntó dónde podía comprar la entrada para ver a su grupo favorito. No supieron orientarla. Finalmente, en una tienda de música adquirió el boleto, pero antes de llegar al recinto lo perdió. Fue la primera en esperar a la cola y también una de las pocas que lo hizo. El concierto arrancó con más pena que gloria de asistencia de público. En Fexdega había poco más de cuarenta personas. Nadie lo podía creer. «Aunque seamos poquitos lo vamos a pasar igual de bien. Así es más íntimo», fueron las primeras palabras que dijo la cantante, Susana. Los pocos que estaban allí cantaron, vibraron y le dieron al grupo el calor que necesitaba en la fría noche del sábado. Las canciones Complejidad y No me crees pusieron el broche final a un concierto muy personal. Gracias a la organización, Hope pudo entrar en el camerino y hacerse fotos con ellos. Todos le firmaron la guitarra. En la estación de tren, Hope pasó la noche escuchando música hasta las ocho de la mañana. Veintiséis horas fuera de casa hicieron su efecto, quizás el efecto Mariposa.