La noche más larga en Guillán

Serxio González Souto
Serxio González VILAGARCÍA

AROUSA

En directo | La pelea contra el peor de los focos activos de madrugada en Vilagarcía Durante horas, tres viviendas se dieron por perdidas en el ascenso a Xiabre. A las tres de la mañana, el fuego las cercó pese al esfuerzo de voluntarios y brigadistas

08 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

EL ASALTO FINAL. A las dos de la mañana, el fuego cruzó la carretera de Xiabre, disparando ráfagas de chispas sobre las personas que intentaban huir, accediendo a sus vehículos. Un joven -en la imagen, agachado- consiguió cruzar la cortina de humo y llegar a su motocicleta. Las llamas habían aislado la bodega Maior de Mendoza y las últimas viviendas del ascenso hacia Pinar do Rei. LA EVACUACIÓN. El fuego se abría paso en dos frentes. Uno avanzaba hacia la zona baja de Guillán. El otro saltaba entre los eucalpitos hacia Trabanca Sardiñeira, tras cruzar la carretera. Cuando el fuego y el humo lamían la bodega y la plantación de kiwis, la segunda vivienda tuvo que ser abandonada, pese a los esfuerzos ingentes de sus habitantes. La pelea continuó en Maior de Mendoza mientras la mayoría de los voluntarios se marchaban como podían. La misma mujer que en la foto anterior esperaba el fatal desenlace abandona su casa ?a tarde del lunes se había desarrollado en A Caldihuela y Guillán en medio de un infierno diseminado en multitud de fuegos irreductibles, que volvían a encenderse una y otra vez, mecidos por el persistente viento del nordés. En estas condiciones, estaba claro que la noche se haría eterna. Y así fue. El mismo fuego que destruía por completo Pinar do Rei avanzaba sin remedio hacia Loureiro, amenazando directamente a dos viviendas y a una bodega. Sus responsables, los Barros, habían hecho todo lo posible para entablar el combate definitivo. Cuatro camiones cisterna contratados, que echaron una mano en Guillán horas antes, la tala de árboles que extendían sus ramas sobre las edificaciones, el traslado inmediato de productos inflamables. Y un nutrido grupo de personas, en su mayoría jóvenes, que se preparaban para el momento en que las llamas se internasen hacia la carretera. Al final, los viñedos y los emparrados de kiwi de Rodríguez Recuna sirvieron como improvisados cortafuegos. A un precio que pudo ser mucho mayor. Porque sufrieron pérdidas elevadas, pero lo que a las tres de la mañana parecía imposible, que las viviendas se salvasen, se consiguió en una última acometida en la que ya sólo permanecían arriba la gente de la bodega, peleando hasta el final, y una bomba de protección civil. Quintela se perdió en el humo. El resto puso pies en polvorosa ante la nube de fuego que cayó sobre sus cabezas, cruzando hacia Trabanca Sardiñeira. Eran las dos, y el frente que caía hacia la zona baja de Guillán encendió el sonido de las campanas de la iglesia. El ambiente, irreal, mostraba un mar de humo entre el que sobresalían un puñado de tejados. Las cadenas humanas se pusieron en marcha, una vez más, y la llegada de una bomba permitió un respiro de apenas unos minutos, porque las llamas herían ya de nuevo Loureiro, algo más abajo esta vez, en torno A Malladoira. Fueron protección civil y dos excavadoras de Excavaciones Marco, que alumbraban la noche como extraños vehículos submarinos, las que salvaron el tipo, al abrir un cortafuegos. Ya no hubo tregua hasta el amanecer.