Los focos más activos se localizaron en Armenteira, Loberia y los montes de Catoira y Valga La actividad de la jornada se centró en evitar que rebrotasen los rescoldos del lunes
08 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.«Por lo menos, hoy se ve Cambados», decía ayer el alcalde de O Grove, Miguel Ángel Pérez. El lunes, la tierra del albariño había desaparecido de la vista de los grovenses, sumergida bajo una densa nube de humo. La misma que, nacida de los cientos de incendios declarados en la zona sur de la ría, hizo irrespirable el aire durante todo el día y toda la noche del lunes. Ayer, esa niebla pestilente parecía haberse disipado un poco. Pero, a medida que avanzaba la jornada, el aire se viciaba, advirtiendo de que el fuego seguía siendo una amenaza. Y tanto. En A Armenteira, las llamas siguieron devorando todo lo que encontraban a su paso. La parroquia de Santa María fue asolada por dos lenguas de fuego contra las que se luchó tanto desde tierra -con brigadas, con motobombas, pero sobretodo con mangueras y cubos de los vecinos- como desde el aire. En Meaño, las llamas siguieron avanzando formando poderosos frentes de varios kilómetros de largo. Ayer, ese ejército implacable avanzó sobre Santa María de Simes. Y los vecinos y los operativos municipales les plantaron cara, igual que se la llevaban plantando desde el pasado domingo, cuando empezó la pesadilla en ese municipio. El Monte Lobeira, o lo que de él quedaba, también sufrió ayer la furia de las llamas. En la parroquia de András el fuego se reprodujo y la montaña volvió a convertirse en una fuente inagotable de humo. Y es que al de los fuegos de ayer se sumaba la neblina que se levantaba, siniestra, de la tierra que había sido ya calcinada el pasado lunes. Los montes del Baixo Ulla también sufrieron el envite del fuego. En Valga, el desastre era ayer generalizado. En Catoira, el fuego avanzaba sobre el Xiabre y, ajeno a las divisiones administrativas del territorio, se adentraba en Vilagarcía. En este municipio, la jornada estuvo jalonada de incendios de todos los tamaños repartidos por todo el territorio. A última hora de la tarde, era Bamio el que ardía: todo el monte situado sobre el polígono industrial era pasto de las llamas. Otras zonas de esa parroquia habían ardido ya antes. En Ribadumia y O Grove, que habían resistido al fuego, recibieron ayer tan indeseada visita. En cualquier caso, los incendios en ambas localidades fueron de menor entidad que la media. Repartiendo sus esfuerzos entre apagar los nuevos incendios y evitar que los antiguos volviesen, los operarios de emergencias de la orilla sur de Arousa volvieron a vivir una intensa jornada de trabajo. Y de tensión. La misma tensión que se expandía entre los habitantes de toda la zona, que vieron cómo, por segunda jornada consecutiva, su vida transcurría envuelta en humo.