AREOSO | O |
05 ago 2006 . Actualizado a las 07:00 h.DESDE el martes soy un poco menos confiada. Sufrí mi primer robo. Fue en el coche que tenía aparcado en la explanada de O Bao (A Illa) mientras me daba mi último chapuzón de las vacaciones. Forzaron la cerradura, revisaron la guantera y encontraron la billetera. Se llevaron unos sesenta euros, y gracias, porque la cosa podría haber sido peor. Los ladrones tuvieron el detalle de dejarme la cartera intacta, con las tarjetas y la documentación en su sitio, y sólo sucumbieron a la tentación de llevarse dos cupones de la ONCE que de poco les van a servir ya. Era, como digo, mi primera vez y este estreno me produjo un profundo desasosiego. Por el dinero que voló, por supuesto, pero también por la sensación que me dejó de vulnerabilidad y de intimidad ultrajada. Hoy te entran en el coche y mañana pueden colarse en tu casa mientras estás viendo el telediario o abordarte en plena calle. Supongo que estoy mal acostumbrada y quizá más que una víctima soy una afortunada por haber llegado a los 35 sin que ningún caco ni maleante haya alterado mi segura existencia. Supongo que a un habitante de Río de Janeiro o de la cosmopolita Berlín, donde los robos y asaltos están al orden del día, este lamento mío le daría la risa. Pero es que soy de pueblo y me crié en la tranquilidad de poder andar sola por la calle aunque ya hubiera anochecido y sin miedo a hablar con alguien que te paraba para preguntarte una dirección. Pero está visto que las cosas cambian. Arousa no es Marbella ni la Costa Brava, pero tampoco aquí se puede ir ya tranquilo a la playa. En lo que va de verano, y agosto no ha hecho más que empezar, sólo en A Illa se han presentado ya 26 denuncias por robos en vehículos y esto ocurre en un lugar en el que hasta hace poco presumían de que se iban a dormir sin dar la vuelta a la llave de su casa. Ahora no se puede ni ir a Carreirón sin el temor de que te den el sablazo.