Las vacaciones inaccesibles

Rosa Estévez
Rosa Estévez VILAGARCÍA

AROUSA

Reportaje | Un hotel cercado por las obras en el vial de San Vicente La entrada al Don Mexillón es una trampa. El ruido, continuo y agotador. Los huéspedes se van con cajas destempladas, y el propietario del local está que trina

13 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

La pareja mira dubitativamente la franja de cascotes en la que ha quedado convertida la carretera. Finalmente, sortean ese obstáculo despacio, como temiendo torcerse un tobillo. No es muy difícil sufrir ese percance. Pablo Agrelo, el dueño del Hotel Don Mexillón, aún cojea después de ser víctima de una escordadura justo en la puerta de su establecimiento. «Por encima, esto», protesta. El empresario está que trina. Las obras de la carretera interior han convertido la entrada de su hotel en un desbarajuste. No hay acera y no hay, tampoco asfalto: lo han levantado hace un par de días, acabando de sembrar el desconcierto entre quienes trabajan en el establecimiento y quienes acuden a él para disfrutar de las vacaciones. «A estas alturas, teníamos que tener el hotel lleno», explica Agrelo. Pero algunos de los clientes que deberían estar descansando en alguna de las veinte habitaciones del establecimiento han cogido sus bártulos y se han ido. Algunos hasta han pedido hojas de reclamación -unas diez ha entregado Agrelo- para protestar por unas obras que les han fastidiado las vacaciones. «Y es normal, yo lo entiendo. Estás pagando por dormir, y resulta que a las ocho de la mañana empieza la maquinaria a trabajar y te despierta un ruido infernal», explica el dueño del hotel. Luego están los que no llegan ni a tomar posesión de la habitación que tenían reservada. «Ayer -por el miércoles- llegó un grupo para pasar diez días. Pero, primero, no encontraron donde aparcar, porque la entrada al párking está también taponada por las obras, y en 500 metros para arriba y para abajo no hay sitio donde dejar el coche. Luego vieron como está la entrada, y se pusieron como locos, así que se fueron», argumentaba ayer Agrelo. Enfados No son los únicos que se han ido con cajas destempladas. Ayer por la tarde, Pablo esperaba a nuevos clientes, y auguraba que el enfado se iba a repetir. «Otra vez follón, claro», decía. Teme que, a este paso, la agencia con la que trabaja el hotel deje de mandarle clientes. Y no tener clientes en plena temporada «supone unas pérdidas terribles para nosotros». Y lo peor es que ya no sabe qué hacer. «Yo entiendo que, si queremos mejoras, hay que sufrir las obras. Y si un día tengo que tener la fachada levantada, se sufre y punto. Pero es que llevamos así una semana, y en plena temporada. ¿Es que no hay nadie que planifique esto para hacer el menor daño posible?», se pregunta el empresario. Dice estar harto de las «buenas palabras del Concello» y de que «no se de un paso para solucionar la situación». Por lo pronto, él ha comenzado a levantar actas notariales de lo que ocurre a las puertas de su establecimiento, por si las moscas. Pablo Agrelo recuerda un compromiso adquirido en su día por las administraciones responsables de la obra: el de que durante el verano se iba a retirar la maquinaria pesada de la carretera. «Sería lo normal, porque estamos en temporada. Pero ya ves, estamos a 13 de julio y aquí siguen, levantando todo». Espera que no sea por mucho tiempo, porque de lo contrario este será un verano negro para su negocio.