Crónica | El navegante Suso Leiro vuelve a casa A sus más de sesenta años, el portonovés Suso Leiro se embarcó en una dura aventura solitaria que le llevó hasta Chile. El viaje en velero ha sido la mayor enseñanza de su vida
06 jul 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Suso Leiro tiene la barba larga y los labios curtidos por el viento. Lleva un año y medio embarcado en el Finsesse, un velero de apenas nueve metros de largo que le ha llevado desde Galicia a Chile y Perú, pasando por Canarias, Brasil, Uruguay, Argentina, Ecuador, Panamá, las Bermudas y Azores. Y además, una parada imprevista en Mauritania, cuando un temporal le obligó a arribar hasta la costa africana al salir de Canarias con destino a Brasil. Un viaje que tenía como finalidad visitar a dos hermanos suyos que viven en Chile. El periplo de Suso ha estado plagado de esfuerzo, de momentos de tensión y peligro. Momentos en los que llegó a estar exhausto, al borde de sus fuerzas. Y sin embargo ayer, al regreso de su viaje, en el puerto deportivo de Sanxenxo, Leiro rebosaba energía, subía por el stay de su Finesse con una agilidad pasmosa y atendía alegre al gran número de medios de comunicación que querían conocer su aventura. Suso ha sido siempre una persona ligada al mar. Hijo de familia marinera, oficial de máquinas en la marina mercante y después en los barcos congeladores. Para él viajar es la mejor manera de aprender y conocer distintas culturas y maneras de vivir, pero también una enseñanza personal, un desafío interior que empezó a rondar su cabeza hace más tres años. «Esta ensinanza é maior que calquera que poidas ter no colexio, a universidade ou o que sexa», cuenta Suso desde los pantalanes del puerto. Rescate en alta mar El navegante recuerda los momentos más duros de su travesía, una mezcla de venturas y desventuras. «En medio do Atlántico choquei cunha balea e abríuse unha vía de auga». «O destino é o que che marca -continúa-. Resulta que o barco máis preto ao lugar do choque, que veu no meu auxilio, foi un veleiro de Sanxenxo. É curioso, que o barco máis preto fora o barco máis preto a min». La suerte vino también tras un infortunio, cuando el temporal arrastró su barco a Mauritania. Allí, sin posibilidad de comunicarse, encontró a dos patrones gallegos que le ayudaron. Pero sin duda fue el paso del estrecho de Magallanes el trance que más le inquietó. «Preguntei á xente do lugar cal era o mellor dos tres camiños que hai para cruzalo, e responderome: os tres son malos. E era verdade». Los icebergs, la oscuridad y la gran profundidad de los fondos fueron sus principales enemigos. «Non había ningún sitio onde fondear, e non podías durmir porque tiñas que estar alerta do xeo». A pesar de todo, Suso Leiro piensa ya en volverse a embarcar. Esta vez con destino al polo norte.